by Jesús Morales Serrano... Con la tecnología de Blogger.
viernes, 12 de julio de 2013

Haciendo un paréntesis.

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   Se come las calles el corredor que ha pasado esta tarde junto a tu ventana, no tiene miedos ni conoce el destino, el objetivo es ser más fuerte y en el camino, el trance más duro y por el que merece la pena seguir adelante, se conoce mejor a sí mismo. Será cosa de caminos... cantaba el inolvidable Serrat aquello de que no existen y recordaba al caminante que el camino se hace al andar. Que en la vida hay obstáculos, qué duda cabe, es quizás lo que convierte a nuestro paso por el mundo en una experiencia mucho más interesante y hermosa, igual que la buena novela no es narrada sin obviar el dolor y la pena, y desde luego no es perdida por anodina e insustancial. 

   En esta calurosa mañana de doce de julio me ha llamado mi amiga Isabel, me encantan sus llamadas porque me recuerdan el curso en Madrid en que suele contarme sus dudas, confidencias y avatares, yo que la quiero mucho suelo escucharla, a veces impresionado, con gran interés y cariño. Esperando noticias de su viaje a Lanzarote, he comprendido que hoy el motivo que traía la conversación era diferente, sólo al descolgar ya notaba en el deje de su voz un inconfundible y extraño roce de amargura, del todo infrecuente en nuestras conversaciones desenfadadas, me ha confesado que nuestro amigo Javi atraviesa un duro momento personal y es que su hermana Cristina padece leucemia.

   De inmediato me he puesto en contacto con él, un chico del que puede leerse sinceridad en la mirada, hoy que no podía verle imaginaba ternura en sus ojos castaños al otro lado del teléfono, y le he encontrado fuerte, optimista y entregado. Él, que posee una extraordinaria calidez pese a su fría procedencia astur, que es una buenísima persona, está feliz en la adversidad porque puede abrazar a su hermana y sentir con ella, quizás como nunca antes, el despertar de los días. 

"Atardecer en Salinas" de Miguel del Pozo http://www.flickr.com/photos/mdelpozog/6921587232/

   Mi sorpresa era mayúscula cuando ambos me han contado del blog que elabora Cristina, yo que cuento entre mis pocas aficiones la escritura, me he enamorado ipso facto del relato de esta chica. Es tan grande su sensibilidad que se me escapan las palabras para hablar de su diario. Sólo puedo dejaros el link e invitaros a todos a que la conozcáis y compartáis con ella vuestro cariño y experiencias.


   Mi blog, que nunca ha tenido grandes pretensiones, se hace muy pequeño cuando leo el relato sincero del Paréntesis de Cristina, ella y su diario son inmensos desnudando esa gran historia que protagonizan fortaleza y superación. Su blog es para la autora una vía de escape, un punto de evasión en que refugiarse de la soledad y el tedio de las salas de espera y operaciones, pero sobre todo es una muestra de generosidad con todo aquél que como ella atraviese esta coyuntura, el que padezca leucemia u otra enfermedad, cancerígena o no, y no tenga hermanos y familia a quien abrazarse y en quien confiar. Es un buen modo de acercar su historia al mundo y el mundo a su historia, en la manifestación probablemente más bonita que presenta la red. 

(...) 


   Vuelves a mirar a la ventana y ya es de noche, el corredor regresa exhausto, y regresa, aunque lo encuentres igual comprenderás que no es el mismo, en el camino ha crecido con los retos, ilusiones y lágrimas que se han presentado, ha crecido consigo... y ahora que se aleja, adivinas a reconocer la sombra de Cristina que sigue corriendo con valentía cargada de cariños y de sueños.  


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jueves, 4 de julio de 2013

Una de espías

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   Este año el verano se ha dejado querer, no ha llegado tan pronto como de costumbre ni tampoco con su precisión habitual... recuerdo la última granizada en mi pueblo manchego, muy lesiva para ciertos cultivos e insólita en el mes de mayo. Tan pronto como el mercurio se ha elevado de forma meteórica hasta rozar los cuarenta grados a la sombra, el mismo que antes reivindicaba un verano interminable es también el primero en denostar el nuevo clima. El inconformismo climatológico me pone de mal humor, sólo aquellos que, como el agricultor, tienen motivos vitales para esperar que el tiempo mejore o cualquier otro cuando da lugar a catástrofe natural, consiguen que el tema de conversación merezca algo de atención. En cualquier caso, el verano es por lo general una estación alegre y además suele ser propicia para que enseñemos nuestra mejor faceta, la más natural, paradójicamente la más fresca. Nos dejamos querer por el verano. 

   El poder del rayo de sol está infravalorado, no sólo nos muestra al mundo con la cara bronceada, es capaz de esclarecer todo aquello que aparece confuso en la sombra, ni siquiera el polvo que queda suspendido en el aire sucumbe a su efecto. Esta breve historia no puede relatarse sin comenzar narrando el papel que tuvo Snowden, el personaje que alcanzó la proeza de emular aquél rayo de sol para filtrarse a los rincones más oscuros y verter en ellos una claridad que no todos anhelaban.

   Snowden es un chico joven que hasta hace unos meses se ganaba la vida trabajando para las agencias de inteligencia de su país, ello le dio acceso a datos altamente confidenciales cuyo contenido, por diversas razones políticas o judiciales entendidas prioritarias al concurrente interés público, no es fruto de difusión. Quien tiene el conocimiento tiene el poder y en aquél momento Snowden, a diferencia de sus compatriotas, tenía una parte de ambos. Pudo guardar silencio y seguir viendo remunerado su trabajo, (con una buena cifra de 200.000 dólares anuales no parece mala alternativa) por el contrario, y sin entrar a valorar la bondad de su actuación, prevaleció su integridad y se llenó de valor cuando consideró que la información que pasaba entre sus manos a diario lesionaba los derechos de sus implicados y que por lo tanto debía ser conocida.

   La información de la que dio noticia a The Guardian es el resultado del espionaje realizado por tales agencias estatales a ciudadanos e instituciones extranjeras, puede que en su filtración desentrañara la razón del secretismo, el Gobierno de Estados Unidos quiere el poder y éste sólo se consigue a través del conocimiento. 

   A partir de aquí comienza el nudo de la historia: una vez se revelan los datos comienzan las reacciones. La fiscalía le imputa una serie de delitos y él decide fugarse en busca del auxilio de alguna jurisdicción amiga que evite un juicio no imparcial; quienes padecieron el espionaje y muy notablemente las instituciones de la Unión Europea encabezadas por Alemania, se encuentran defraudadas al comprobar desconfianza en las pesquisas del aliado norteamericano. Por su parte, muchos dirigentes iberoamericanos y la Rusia de Putin, países que tradicionalmente no le guardan tal estima, no descartan la posibilidad de dar cobijo al fugado.

   La trama se complica aún más cuando algunos de los últimos espectadores dejan de serlo y como actores van tomando partido. Es el punto de inicio de una micro historia, paralela a la primera, protagonizada por el presidente boliviano Evo Morales, quien habiendo realizado un viaje transoceánico desembarca en Moscú para debatir estrategias comerciales con los líderes de los países exportadores de petróleo, dejando a un lado el contenido de la reunión que es intrascendente en nuestro relato y supondremos anecdótico y amable. Lo cierto es que el destino es caprichoso y quiso que en esa misma ciudad, en Moscú, se encontrase el joven fugado (al menos esa era la hipótesis que se barajaba en los medios) y en esa madeja especulativa que Estados Unidos viese en el viaje de Morales un gazapo para trasladar a Snowden a la tranquila Bolivia, ello obligó al gobierno de Obama a solicitar de sus socios de la Europa occidental una rápida intervención sobre el avión oficial boliviano.

   Fue entonces, en la madrugada del tres de julio, la tripulación del vuelo con salida Moscú y destino La Paz sobrevolaba Austria cuando el comandante recibió noticia de que el espacio aéreo francés se había cerrado y con él el italiano, el portugués (cuyo ministro de exteriores pedía la dimisión poco antes) y el español. Inmovilizado en Viena el pobre Morales no pudo más que criticar al imperialismo yanqui, mientras los suyos dramatizaban diciendo que su vida corría peligro, aprovechando la coyuntura el astuto embajador español quiso hacerle una visita para compartir un café en el interior del avión, pues si el fugitivo se encontraba dentro, bastaría con llamar a las fuerzas de seguridad para hacer efectiva una sencilla orden de extradición y dejar el problema resuelto. Morales cada vez más ofendido no cedió y hubo de esperar unas cuantas horas hasta que España autorizara su escala en Canarias, mientras tanto los avenidos socios del UNASUR encabezados por Kirchner preparaban la recepción del líder  boliviano, y una reunión extraordinaria en que encontrar una posición común.





   Hasta aquí el entramado de una historia de espías que aún no ha terminado, quedará pendiente no sólo esa reunión entre los líderes sudamericanos también el posible juicio a Snowden (mediando o no extradición) o su más probable asilo político.

   Dicen los buenos procesalistas que estar imputado, y por lo tanto poder llegar a ser enjuiciado, es un deber y también un derecho. Cuando Snowden rechaza el ejercicio de la justicia, más allá de eludir un compromiso ciudadano, está impidiendo tomar posición y por lo tanto defender la legitimidad de su actuación en sede judicial, que es donde debe resolverse en un Estado de derecho este tipo de controversias.

   Por otro lado, me parece brillante la conclusión que alcanza el presidente boliviano a su llegada a La Paz aunque no comparto su discurso post-revolucionario, los estados europeos mayoritariamente traicionados por el aliado norteamericano (que sólo inmuniza a Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda y Canadá) espiados y vulnerables siguen rindiendo pleitesía, alienando sus posiciones en defensa y política internacional.   Deseable aquiescencia, que pudo ser y no fue, de los países mediterráneos hacia el hombre que desveló que su aliado atlántico siempre ha guardado reservas hacia el proyecto europeo.

   El luminoso poder de Snowden, dejando a un lado la red de espionaje que ya adelantó Wikileaks, evidencia que en el mundo, pasadas dos décadas de la caída de la Unión Soviética y el término de la Guerra Fría, permanece dividido en dos grandes bloques de estados afines que amenazan con la colisión de un momento a otro. Aunque también es posible que todos estemos equivocados y que en la estrategia estadounidense haya mayor complejidad y secreto del aparente, que el objetivo de los gobiernos del norte y sur del continente americano no sea tan diferente... idea pasajera y retorcida, quizás oculta en los archivos del Pentágono, en que el acercamiento a Europa obedece al sometimiento por la voluntad de los pueblos colonizados a quienes se deshicieron de su historia.

(...)

   Mientras redacto esta entrada Egipto concluye con su primer y breve periodo democrático y se aventura en una experiencia novedosa mezclada de incertidumbres y esperanzas, que lo haga a partir de un golpe de Estado es para la mayor parte de egipcios un coste asequible. En mi opinión lo más importante no es restaurar un sistema democrático de inmediato, pues cabe la posibilidad, dada la tradición y su cultura, de que este país (democráticamente) no desee organizarse políticamente de este modo, hoy lo esencial es salvaguardar los derechos fundamentales de sus gentes.

   Cierro esta entrada de espías con la voz de uno de los más grandes del doblaje, él habría estado a la altura para representar a cualquiera de nuestros protagonistas, la de Constantino Romero, que fallecía el doce de mayo y sólo unos días antes escribía estas palabras en su cuenta de Twitter:

Y estamos a 30 de Abril cumplido

Mañana entra Mayo, hermoso y florido

Mayo, Mayo, Mayo

Bienvenido seas

Que con tu venida

Las flores se alegran


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lunes, 24 de junio de 2013

Alicia.

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     Hace un par de semanas, en una de las primeras tardes calurosas del año, me propuse volver a ver Alicia en el País de las Maravillas, una de esas historias atemporales por todos conocida, cuyo descubrimiento nunca he confiado a la narración de quien la trajo al mundo: Lewis Carroll, ni siquiera cuando estuve paseando por los jardines de Oxford que inspiraban su cuento me sentí realmente atraído por su lectura.

   No he querido desvelar aquella certeza popular según la cual la calidad del libro original siempre es superior a la del filme derivado. La propuesta de Disney me satisfizo lo suficiente como para atreverme a distorsionar el recuerdo infantil, ya llevó a cabo esa gesta el genial Tim Burton y en mi impresión su bélico amago no pasó de lo anecdótico... después de Frankenweenie, y salvando Big Fish, me reafirmo en que se defiende mejor en el blanco y negro.

Fotograma de Alice in Wonderland (2010)
    En la original, Alicia se adentra en un mundo paralelo en la persecución del conejo blanco donde todo está envuelto por la pintura del surrealismo y no existen imposibles, de este modo aparecen escenas memorables en que la niña puede evolucionar en gigante o diminuto con sólo morder, beber o chupar la sustancia adecuada, mientras que en su camino habla, canta y discurre con las flores y las orugas del jardín. En la secuela de 2010, Alicia es ya una adolescente y se adentra al mismo mágico mundo con vagos recuerdos perdidos entre ensoñaciones que le harán librar batalla en la liberación del pueblo sometido a la tiranía de la Reina. Discrepo también con Burton, probablemente porque yo no he leído el libro y él sí, en la elección del Sombrerero como coprotagonista; tratándose de un cuento todos sus personajes son en general bastante planos aunque yo siento debilidad por el Gato Cheshire, anómalo en una historia al uso y bien trazado, huidizo en su palabra y vaporoso en lo corpóreo, he llegado a la conclusión de que este personaje es en el colorista país de la locura, el de las Maravillas, la oscura sombra de la lucidez y puede que por ello sea también el más cobarde.

   Paradójicamente, fue con esta película (la de Burton de 2010) con la que propuse iniciar mi particular ciclo Alicia, para visualizar después el clásico Disney del 51, al parecer y según la Wikipedia existen hasta una docena de adaptaciones de la obra con lo que mi ciclo era francamente poco ambicioso. Anhelaba volver a sentir lo mismo que la primera vez que la vi, temeroso en comprobar si el paso del tiempo había dejado el poso de la indiferencia y el escepticismo borrando la ilusión por la fantasía... Lo cierto es que nunca lo sabré, el objetivo quedó frustrado pues en lugar de volver a verlas las dormí plácidamente, lo que no quiero asociar en absoluto a la pobreza de su cine sino al inicio de la temporada de verano y a sus largas, deliciosas y poco valoradas siestas. Creo que los fútiles intentos de Margallo por describir la marca España bien podrían empezar por aquí.

  De la enseñanza que el cine ha arrojado sobre Alicia he deducido un parentesco, probablemente mayor del que me gustaría, a mi preciadísima Chihiro. La búsqueda de una madurez prematura envuelta en la magia y el sueño infantiles conducen a la reafirmación de esta edad que, vivida plenamente, aparece clave en el desarrollo humano.

   Cuando desperté de mi profundo dormir vespertino, la Reina Roja gritaba histérica eso de "¡Qué le corten la cabeza!" en medio de un juicio absurdo, supongo que contextualizado por la disputa en el partido de criquet-flamenco, y tras ello más confusión y el despertar turbada en la hierba... ¿No es bonito? Yo acabé soñando, igual que Alicia, confundido.

 A día de hoy creo que no volveré a tratar de reunirme con ella. Cada vez me parezco más al Gato Chesire, los dos vivimos en un mundo que nos es extraño pero aun cuando busquemos la evasión acabamos mimetizando con el entorno, puede más el temor por no creer en el mundo de Alicia que por olvidarlo. Por eso, esta noche y las que vengan, atesoraré el recuerdo de aquello que sentí la primera vez que entré en el país de las maravillas... aunque nunca más aparezca ante mis ojos.
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domingo, 21 de abril de 2013

Sangre en la arena

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   Con frecuencia surgen de la actualidad de los medios, del barrio, la pandilla o el pueblo, temas espontáneos que acompasan nuestras tertulias, son del tipo: "han imputado a... se le puede ver con..." sobre los que, desde el criterio subjetivo, formamos la opinión que nos sirve a su vez de llave para acceder al debate. Sin embargo, éste no adopta siempre la misma estructura, y lo que a menudo se presentaba como materia sobrevenida y seguramente más amena, se transforma en ocasiones en temática general que hace poso entre la gente y que, aun sin quererlo, no deja de acompañarnos corroborando o aportando una visión de mayor alcance a nuestra postura original, ejemplos al uso son: la corrupción, el independentismo o la corona.

   Una de las mejores facetas que presenta un blog es la libertad que entraña. Yo modulo el contenido en cada entrada, os hago partícipes de lo que pienso y escribo y, posteriormente, os permito entrar a valorarlo, porque mi palabra no pone punto final al pensamiento que, exteriorizado o no, ha podido ser desencadenado. En esas cuestiones, entre las que a menudo me he embarrado hasta las mejillas sin mayor pretensión que escribir lo que pienso, hay una que, por la importancia que me merece, es sorprendente que haya sido olvidada en el tintero. 

   Aunque el debate parezca algo manido, el tema no deja de ser imprescindible si vives en este país, para mí lo es. Hablemos de tauromaquia. 

   En primer lugar, creo que es de justicia para el lector definir mi postura, de este modo, si prefiere no continuar leyendo puede dejarlo y seguir amparado por su nicho de conocimiento, prejuzgando el contenido de la parte narrada y no leída. Yo me defino taurino, amante de los toros, pero no en los términos de la acepción de la RAE que se inclina por secundar la fiesta, soy taurino porque a diferencia del torero y el aficionado, respeto la vida del toro.

   Hace poco escuché a Fernando Savater defender la tauromaquia, no es el único intelectual que lo hace, sin embargo de la amalgama de motivos que ofrecía (todos habían sido previamente escuchados) sólo puedo mantener uno: lo que hay de artístico en el espectáculo. Más allá de que pueda parecer grotesco, lo cierto es que el arte existe en tanto haya aparecido ante su creador y con indistinción de que su público pueda comprenderlo, no entiende de signos ni ideas preconcebidas, eso es lo que lo constituye como arte, en la originalidad está su razón de ser. Dejando sentado este punto de partida, cabe cuestionar la legitimidad de que goza una manifestación plástica de las características del toreo cuando se ponen en juego otros valores como la integridad del animal.

   Ciertamente no hay que ser jurista para comprender que el animal carece de derechos y obligaciones jurídicas, no es sujeto sometido a derecho, ello es una consecuencia lógica pues el único ser que dispone de plenas capacidades racionales para discernir qué es justo y qué no, es el hombre. Sin embargo, de la racionalidad del ser humano que ha sido estudiada a lo largo y ancho de la historia de la ciencia y la ética, cabe inferir un sentimiento de crueldad cuando de un espectáculo en que participan seres vivos e irracionales, indefensos en tanto no están sometidos a un destino previo e inherente a su naturaleza, como suele defenderse entre sus partidarios, pues la decisión de que el toro entre al ruedo no es del toro sino del hombre, consigue el culmen de la belleza, el arte y el placer en el derramamiento de su sangre sobre la arena, previa burla del animal y posterior festejo que, apagada su aura de fingida solemnidad en el pretendido jaleo de las masas, en el peor de los casos para el vencido concluye con su desmembración.

   Es complejo adentrarse en el debate del padecimiento del animal. No soy científico y por desgracia aún no dispongo del suficiente conocimiento en la materia para profundizar en lo que siente un ser vivo diferente al ser humano, y a veces ni siquiera estoy convencido de comprender a este último, pero más allá de la carencia emocional del animal (lo que nos conduciría a debates paralelos) parece que una exhibición de queja fruto del dolor requiera de un procedimiento intelectual que exceda a la neurología. Si un niño se cae al suelo llora, si un perro es golpeado ladra, incluso si la hoja de una planta, que no conoce de sistema nervioso, es recortada dejará ver su látex, la mecánica no es diferente con el toro, que se retuerce y se rinde al ser embestido. El ser humano que es capaz de percibir tal padecer y se deleita del espectáculo, cubre de sadismo su raciocinio.

   Por otra parte, suelen esgrimir sus defensores el arraigo aparejado a la que es ya una tradición y que incluso consigue del actual Gobierno el reconocimiento de bien de interés cultural. Probablemente esta manifestación no habría sido necesaria de no ser por el levantamiento en el Parlamento catalán de una ley de efectos adversos, que conllevaba la abolición del festejo en su territorio. Aquí entran en juego dos cuestiones: la primera es la concepción como fiesta consolidada en la sociedad porque han transcurrido el tiempo y la aceptación suficientes como para considerarla tradicional. Y en mi opinión es una soberana estupidez, imagínense la de barbarismos superados a lo largo de la historia que, aun aceptados por la sociedad de la época, hoy desde una visión más amplia y más culta del mundo han quedado denostados: desde la servidumbre al colonialismo, por su semejanza los combates de gladiadores, lapidaciones y quemas públicas o las torturas. Pero no sólo los males contra el hombre, también hoy se rechazan mayoritariamente la caza furtiva de especies protegidas, los incendios forestales provocados, la contaminación medioambiental o el maltrato animal. La segunda cuestión, la de la actuación del legislativo, probablemente no tenga ese trasfondo (pese a que los promotores de la ley catalana tenían espíritu ecologista)  lo cierto es que aquella ley se erigía (junto a la intención de retirar el inofensivo toro de Osborne) como señas de identidad y distinción del resto del estado, y la respuesta en España no fue mucho más inteligente pues desde el 91 no se celebraban corridas en Canarias y aquello no había levantado tales ampollas. Por otra parte, creo que es más lógico que sea el pueblo y no el gobernante, el que vaya decidiendo dar de lado a la fiesta, de lo contrario estaríamos ante un fraude democrático.

   Otro de los motivos fetén es el de la riqueza económica que genera el toreo, el ganadero que pone su esfuerzo en domesticar a estos animales para que salgan al ruedo, el empresario y el ayuntamiento que programan el cartel y el torero, que es ya de otra pasta, quien remata la faena (me olvido de rejoneadores, enfermeros, veterinarios, músicos y otros muchos). Si como vengo manteniendo la fiesta a costa del toro no es sólo cruel sino que además es irracional, parece comprensible que los recursos económicos que apareje devengan superfluos. El hecho de que en muchos países se viva activamente del tráfico de drogas o la trata de blancas no convierte, por mucha que sea la riqueza que puedan obtener sus promotores y gobiernos, a estas prácticas en tolerables socialmente. Desde luego, en los tiempos de crisis que corren la integridad del negociante y el negocio se han relativizado, y ya a nadie importa que Madrid se vaya a convertir en el hogar del juego de Europa o que vayamos a modificar la legislación antitabaco porque prometen (no hemos visto nada) un puñado de miles de empleos y de euros. Esperemos que al menos, esta vez sí, vayan a parar a las arcas públicas.

   Y aun cuando rechacemos mayoritariamente según que prácticas, lo cierto es que no existe, afortunadamente, una uniformidad de la moral. Sin embargo, no puede dejar de parecerme paradójico que en un país que, también por tradición, es mayoritariamente cristiano y católico, se vea con buenos ojos este tipo de torturas. Las palabras de Cristo son un bálsamo para millones de personas que encuentran en las suyas un mensaje de amor, ojeando la Biblia (no entro ya en el debate creacionista) Dios creó el mundo y la naturaleza que aflora en él, es por tanto, el toro una manifestación más de la obra divina, con lo que la consecuencia lógica es que reside en todo animal una parte de Dios, aun cuando no esté hecho a su imagen y semejanza. Cuando el toro es burlado, agredido y matado también lo está siendo la parte sagrada que cohabita en él, en otras palabras, se está burlando, agrediendo y matando a Dios. Y si el hombre está hecho a su imagen y semejanza ¿por qué iba el Señor a destruir su propia obra, no sería tanto como destruirse a sí mismo? Si estoy en lo cierto, los católicos que acuden al festejo pueden encontrarse en una situación desagradable, pues sólo hay algo peor que ser incongruente, ser ignorante.


Blood & Sand |Nimes| de Loran.

   La última cuestión es de punto y aparte... para mí la más delicada, es la del contraste con el veganismo. De un tiempo a esta parte el florecimiento de nuevas inquietudes, probablemente relacionadas con las sociedades del desarrollo, ha condicionado la forma de entender la vida de los sujetos que las poseen. Frente a la adopción moral de los protectores de los animales (en abstracto ecologistas) por rechazar tratos vejatorios a otros seres vivos y a la naturaleza en su conjunto, encontramos a los vegetarianos, quienes nutricionalmente y dejando a un lado convicciones, prescinden de incluir en su dieta productos derivados de la carne (graduado entre los que consumen productos de animal vivo, como el huevo y la leche, y los que no) y en el último eslabón de la cadena se sitúa el vegano cuya visión trasciende a una filosofía de vida, no sólo no come carne ni productos derivados, tampoco consiente el trato vejatorio, ni cualquier otra forma de explotación animal (lo que incluye la utilización de tejidos como la lana). El problema es de legitimidad y surge del contraste ¿Cómo puede el ecologista no vegano participar del debate de la tauromaquia cuando consume carne animal, si no lo hace amparado en su propia supervivencia? En la pregunta está la respuesta, y es que mientras la ingesta de carne constituye una fuente proteínica imprescindible para el desarrollo del ser humano, participar de la tauromaquia difícilmente cumple una necesidad básica de las descritas en la clásica Pirámide de Maslow o en su caso (profesión) sería tenida por fácilmente reemplazable. Desde luego no puedo ignorar una implicación subyacente en mi teoría y es que en este ciclo alimenticio superponemos el valor de la vida del hombre a la del animal, tal debate sencillamente trasciende al del toreo. 


(...)

   Hace ya once años, corría el verano de 2002 y yo con mis diez otoños escuchaba a la también joven Eva Amaral cantando Toda la noche en la calle, era un sencillo fresco dentro de uno de los mejores discos del grupo Estrella de Mar, indispensable para los historiadores del pop-rock en España. En una de sus estrofas dejaba caer un hilo fino de tristeza mezclado con la inmensa ansia de liberación que recorre la canción cuando empatiza con la temida bestia a su llegada a la plaza. Años más tarde, en 2008, el grupo firmaba Es sólo una canción, pasajera y reivindicativa, sirve al grupo de vía de escape y opinión, puede que como esta entrada, para el genial Gato NegroDragón Rojo. Con este tema, contemporáneo a la protesta como género, no olvida la angustia que le causan las huellas de la sangre derramada. Si en 2014 el grupo vuelve a sacar disco y hace referencia en clave de rechazo al toreo, además de cumplir un lapso temporal diabólico, pondría de relieve que el transcurrir del tiempo se viene limitando a exhibir una realidad inmutable pero que, al menos como poso de nuestra sociedad, sirve de fuente de debate.


"No sé qué pinto yo aquí, dijo un torito en la arena, si sólo quiero vivir"


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miércoles, 3 de abril de 2013

La música que preferíamos escuchar a solas.

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   Habrá sido este mes de marzo, que se me antoja más breve y más gris, que deja un sonido semejante al de la palabra pronunciada fuera de lugar y de tiempo, será que no le encuentro cabida en mi calendario, olvidado entre los recuerdos del año que se ha ido y el anhelo de la primavera remolona.

   No conozco mejor remedio para apaciguar el alma cansada que el que proporciona la música. La inyección del melómano le mueve a correr las cortinas, abrir las persianas y empujar ventanas y puertas, estimulado por el poder de una canción que revoluciona el día oscuro envolviéndolo en color, durante varios minutos mágicos en que las notas dibujan una nueva historia que, reescuchada, llena la estancia vacía. Erradicado el tedio, la tristeza y la nostalgia se evaporan.

   Quizás por el temor a que abril sea el reflejo de la desazón que dejó marzo, quizás porque tú hayas podido sentir lo mismo, he ideado una entrada que recopile algunas de aquellas canciones que preferimos escuchar a solas, la música que nos invade y que hurga en el silencio, la que nos acompaña cuando llegamos tarde y cansados a casa, la que atenúa el vértigo del tiempo y la que, sencillamente, nos regala un abrazo sincero.

(...)
 
Vincent (Don McLean)

   No era noche estrellada cuando andaba yo por el Covent Garden disfrutando de agosto, sino una mañana fresca y extrañamente soleada como la fruta recién caída del árbol cuando ha madurado lo suficiente. Fue entonces cuando la dulce melodía homenaje al artista holandés más querido, Van Gogh, despistó mis pensamientos y mis pasos, hipnotizado por las notas, cual ratoncillo de Hamelín, recorría las calles del mercado londinense prendado por el arte de aquél músico callejero. Desde luego no era Don McLean, al que, pese a lo grato de la experiencia, me hubiera gustado escuchar en directo. El neoyorquino no es sino otro cantautor maltratado por la amnesia de la historia, pero en cuya contribución al folk se puede encontrar una de las mejores facetas de la cultura popular y contemporánea estadounidense, su nombre, como el de otros grandes nacidos en los cuarenta: John Lennon, Gerry Rafferty o Aretha Franklin, merece sobrevivir al tiempo. Este tema y "American Pie" le reportaron un éxito pasajero que, del mismo modo que Vincent, desenlaza en el amargo sabor de la indiferencia.

They would not listen, they're no listen still. Perhaps they never will...
 

Titanium (David Guetta feat Sia)

   La prisa de la ciudad que no descansa se impregna del ritmo frenético del tráfico que recorre sus calles, rompe en Hit Fm aquél temazo de Guetta, "You shoot me down but I won't fall I'M TITANIUM!" y Eva que hoy lleva su viejo Polo pisa el acelerador, se puede leer en sus ojos la alegría del reencuentro con una canción que conoce bien y en la quizás se sienta retratada. Su ritmo y su letra amenazan a la pasividad y retan al pundonor. Es otra gran joya (en mi opinión la mejor) del gran dj francés que ha roto las listas de venta con su álbum "Nothing but the beat", en un estilo que se mueve entre lo comercial de la nueva tendencia en los diales europeos (música fácil y pegajosa, como la de Turn me on con la entrañable Nicky Minaj) y su más depurado y a menudo inaudible sonido electrónico. Es una paradoja que os traiga a colación este tema cuando con frecuencia ha salido del estudio vestido de monstruo de discoteca, sin embargo, lo que narra Guetta es una historia de superación, de esas que pueden vivirse junto a otras personas pero nunca con ellas. Porque esas historias, como la vida y como esta canción andan solas.



Tanto (Pablo Alborán)

   Con suavidad se apagan las luces del Palacio de los Deportes de Madrid, pero permanece lleno, no se mueve un alma y corre en el ambiente un silencio tangible, un silencio que espera impaciente la llegada de su verso. Pablo Alborán dejó hace algún tiempo de cantar y escribir, ahora es un poeta. El chico que tocaba la guitarra en su dormitorio para el mundo tras el portal de Youtube, el chico de aspecto humilde y familia noble, es un ladrón de corazones y un descubridor de la letra, y el público, que le adora, le ha convertido en el principal referente de la música española actual. Pero parece probable que a él no le importe demasiado, perdido como está en sus letras y canciones... la que hoy recojo no es sólo una más de su excelente cosecha, en ella se deshace de dolor observando los rescoldos de la que fuera una relación ardiente y plena. La profundidad de su voz inmadura no sólo narra historias de los anhelos que ha dejado el desamor, conmueve y emociona a una audiencia incapaz de dibujar en palabras sentimientos tan íntimos.



Breaking down (Florence and the Machine)

   Madrugada del viernes al sábado, la soledad de la estancia de una casa vacía poco iluminada por la tenue luz de un flexo de despacho, deja escuchar las entrañas de Madrid pidiendo un corazón con el que pasar la noche... y de la televisión, que creía apagada, ha empezado a brotar la profunda voz de Florence Welch, que no conoce mediaciones ni dobleces, instrumento letal que atraviesa lo corpóreo y baña en historias la memoria como una droga enferma al adicto, pero apareja un placer extraño. No puedo distinguir la obra que recoge Breaking Down junto con otras grandes piezas "Ceremonials" de su primer título "Lungs" dos partes de un todo perfecto, detrás del cual se esconde mucho más que el polvo que dejaron las rarezas e histrionismos de la superficie,  del que aún no conocemos continuación y que conjuga sin dificultad la mejor música independiente con el éxito comercial. El disco sigue sonando, y Florence inunda la habitación de nuevo con una letra compleja y tintes surrealistas, que rompen su resistencia, cediendo al amor y al misterio...

All alone,
On the edge of sleep,
My old familiar friend
Comes and lies down next to me.  

 (...)

I think I'm breaking down again.  


Hands on the radio (Chris Garneau)

   Las gotas de lluvia que van recorriendo lentamente mi ventana y las que borra el parabrisas, débiles, vulnerables a su atracción, absorben mi atención y ahogan mi estado de ánimo. En la tarde desapacible Garneau devuelve mi calma, su voz de terciopelo, a medio camino del susurro, es sincera y es naif. Su obra es en buena medida inaccesible a este lado del Atlántico, lo que le convierte con frecuencia en un perfecto desconocido. En sus canciones deja ver al niño que hay en él y que convive con el hombre que no alcanza a comprender el dolor aparejado al abandono o a la muerte, así es The leaving song en que, sin dejarnos escuchar el llanto, emociona con su "You are all I know" o en castellano "Eres todo lo que sé", con una letra por lo general de extraordinaria sencillez. "El Radio" recoge algún tema más alegre, como el célebre Fireflies. A medio camino Hands on the radio es quizás mi tema favorito de este autor y de esta entrada, la canción no es compleja aunque dice mucho menos de lo que quiere contar, de una despedida vespertina y breve y de la promesa de un reencuentro esperado en su pueblo favorito. Hay pocas muestras tan generosas como la de dejar libres los huecos de una historia, para que quien la escucha pueda hacerla suya.



*Bonus track: Rescue me (Fontella Bass)
 
   En algún día del último invierno me desperté con la trágica noticia de la muerte de la señora Bass, una cantante de éxito en los sesenta. Era extraño sentir lástima por ella pues no había oído hablar de la susodicha, nada que ver con aquellas otras damas de la música de renombre que nos abandonaban en 2012: Whitney Houston y Donna Summer.
-Antes de continuar un inciso: a menudo se comenta que los negros, sobre todo las mujeres negras, tienen mejores voces y es por ello que cantan tan bonito, detesto caer en generalizaciones, máxime cuando contienen un atisbo de discriminación racial, pero escuchando a cualquiera de las que menciono en esta entrada sólo puedo rendirme a la evidencia.-
   ¿Por dónde íbamos? Sí por la muerte de Bass en diciembre del año pasado... a la noticia que leía en un diario digital acompañaba el mismo vídeo que os muestro hoy, en que se presenta con fuerza ante un público enfervorecido por su carismática personalidad. Este tema "Rescue me" mucho más dinámico que el resto, incluso que el de Guetta, es al mismo tiempo un símbolo y un mensaje. El mensaje, algo manido, es el de una mujer sola que exige atención a su amor platónico. El símbolo, es parecido al que quisieron dibujar Alice Walker primero y Steven Spielberg más tarde en El color púrpura las vicisitudes a que se enfrenta una mujer negra en una sociedad como la norteamericana del siglo XX gobernada por varones blancos y protestantes. Es un canto a la libertad de expresión del ser humano que ama y, pese a visualizarla en blanco y negro, trae la alegre nota de color a la entrada.



Y tú, ¿Qué temas prefieres escuchar a solas?


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sábado, 2 de febrero de 2013

La caja de los truenos

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   Es frecuente hojear a diario la prensa y analizar con la velocidad de una mirada inquieta los titulares más llamativos, los capaces de permanecer durante semanas, a veces meses, en la retina. Hace unos días leía una noticia acerca de un fenómeno meteorológico anormal y hermoso en Australia que había cubierto de espuma de mar la superficie marina y terrestre de varias ciudades, el resultado dejaba algunas imágenes curiosas que me hicieron reflexionar e imaginar cómo se había producido, si era susceptible de repetirse en un futuro o en otro lugar del planeta... puedo decir que la sencillez que envolvía el acontecimiento evolucionaba fascinante en mis ojos y mi cabeza, dibujando escenas y paisajes hasta entonces desconocidos.

   Así fue pasando el tiempo y a aquella noticia siguieron otras, hasta que un día, puede incluso que fuera antes porque ya no lo recuerdo, el diario El Mundo publicaba una noticia terrible acerca de un evasor de impuestos que había repartido su patrimonio entre diferentes paraísos fiscales con el fin de eludir el pago de tributos y que, aprovechando la amnistía fiscal de Rajoy mientras los asalariados pagaban religiosamente al fisco, retornó su capital a España, ahora blanqueado. La cuestión que no deja de constituir el pan de cada día en un país que aun azotado por el paro no da señales de aflicción gracias, en parte, a las grandes fortunas sumergidas, podría haber pasado fácilmente desapercibida por la habitualidad de la práctica, muy a pesar de las grandes cantidades desveladas en más de 20 millones de euros sobre una estimación de entre el 20% y el 50% de su riqueza, de no ser porque aquél caballero (al que no pienso dar nombre pues sería ensalzar la figura de un personaje conocido por un acto miserable) habría amasado su fortuna de un modo fraudulento y, lo que es más grave, en el seno de un partido político. El Partido Popular, hoy en el gobierno.

   Un buen día el señor B. fue nombrado tesorero del partido ("el que custodia y distribuye los caudales" nos dice la RAE) y desde su posición era el encargado de contabilizar, conocer e informar de las transacciones más importantes que giraban en la esfera no parlamentaria del partido, conviene matizar antes de que sea tarde que la financiación de los partidos políticos en nuestro país es del todo restrictiva (a diferencia de lo que ocurre en otros países con una tradición jurídica más laxa en la materia) y ello es de este modo básicamente por dos razones:

1.- Los partidos políticos que desarrollan una actividad esencial al Estado democrático en el contexto del pluralismo político reconocido en la constitución, no son agentes económicos de primer nivel pues no desarrollan servicio económico alguno, más allá de los gastos inherentes a su normal desarrollo (actos de campaña, sedes institucionales...). Quienes sí desarrollan actividad económica (siquiera en la prestación de servicios públicos esenciales) son las Administraciones Públicas que, más allá de la incuestionable politización de su cúspide o la confusión propia a los Entes Locales, no constituyen ni pueden confundirse con los primeros sujetos.

2.- Los partidos políticos son potenciales candidatos a ocupar el poder ejecutivo, y como tales, de ellos va a depender la configuración de las Administraciones (por medio de Consejerías Autonómicas y Ministerios) en el desarrollo de sus políticas públicas, porque además la democracia permite reconducir al pueblo el enfoque que se da a la actuación administrativa. Es esencial que la Administración no obedezca sino a intereses generales, pues pertenecen a todos los ciudadanos en condiciones de igualdad con indistinción de su procedencia geográfica, sexo o credo. 

   De ahí la importancia de una financiación restrictiva de partidos. Comprenderá el lector que si un privado (como ocurre en las grandes y onerosas campañas estadounidenses) paga a un grupo político una buena suma en periodo electoral no lo hará por filantropía y difícilmente por convicción ideológica... es más probable que le mueva el deseo último de distraer a la Administración (de la que pretende se encargue el partido al que obsequia) de su persecución del interés general por aquél que le es más favorable, un interés particular.

   Pensábamos que los lobbys no existían en España hasta que nos paramos a pensar en quienes reciben las concesiones y contratos administrativos (el hermano, el primo, el amigo del primo, el vecino del sobrino, aquél con el que un día se tomó una caña...). Estos intereses y estas concesiones, uso fraudulento del sector público de lo más ordinario (en todas sus acepciones), se traducen en dinero y no hay muchas personas que puedan conocer de la existencia del mismo, supongo que aquellos que convocan falseadas licitaciones y esperan obtener algo a cambio o, si el escándalo alcanza a mayores, aquél que lleva la contabilidad de la empresa, en este caso del partido político, en este caso el tesorero.

   Parecía que después de la noticia de El Mundo las aguas volverían a su cauce y seguirían apareciendo publicaciones que taparan las anteriores hasta caer en el olvido aquellas extemporáneas. No fue así. 

   Al poco tiempo el diario El País lanzó la bomba con las fotografías de unos papeles. Alguno de mis profesores me ha dicho que el papel soporta muchas cosas, eso debió pensar el señor Rajoy cuando vio su nombre escrito entre los asientos de la contabilidad del dinero negro (pagado y no tributado) del señor B. ¿No sería irónico que quienes nos pedían responsabilidad y sacrificio, los que se vieron abocados a mentir incumpliendo sus promesas de campaña sean los mismos que han estado guardando grandes sumas detrás del cajón sin hacerlo saber a la Hacienda Pública? ¿¡No sería irónico, que quienes legislen delincan!?

   Hoy he leído (en La Gaceta ni más ni menos) que la letra que aparecía en aquella portada bomba de El País es del señor B. que lo ha testado un perito grafólogo, que la Ministra de Sanidad recibió dádivas de la trama Gürtel, que el partido impidió al Tribunal de Cuentas acceder a un extraño contrato. Y así un largo etcétera en un país en que la justicia se paraliza ante el ejecutivo, un país que vomita cuando oye hablar de su clase política (la del pluralismo) pero que carece de la valentía suficiente para construir, incluyendo democracia, soluciones más allá de la frontera de las palabras vacías (como las mías), de coser remiendos en una Constitución que está ajada, pues tampoco nos queda dinero o hipoteca para comprar una nueva. Quizás es más sencillo que todo eso y es reconducible a que en el código genético de nuestra España está la capacidad de crear estirpes, al temor a que nunca hayamos abandonado el modelo feudal... qué sé yo, pregunten a los Borbones.

(...)

   Y aunque no ha sido fácil después de un mal sueño vuelve a brillar la espuma blanca que moja las calles de alguna ciudad australiana, corre por sus montes y juega con los niños, acariciando las ventanas borra las preocupaciones entre suaves suspiros de añoranza y de amor al profundo calor de una tarde de verano al otro lado del globo, en algún rincón paradisiaco del Hemisferio Sur. 


Parque Nacional de Kakadu, Australia.

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martes, 11 de diciembre de 2012

La última palabra del demócrata

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   En la madrugada del 7 de noviembre europeo, la noche del 6 en Estados Unidos, me mantenía en vela contemplando el ordenador, reflexionando acerca de cómo se producía uno de esos hitos históricos que se guardan mejor en la mente humana que en las pesadas enciclopedias o en las modernas wikipedias. Miento si digo que la reelección de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos fue un hito, cede a la controversia, al menos sí fue capaz de evocar el recuerdo de aquel sueño que comenzaba en 2008 cuando por primera vez un hombre negro se sentaba en el despacho oval de la casa blanca. Sea o no acontecimiento histórico lo cierto es que Obama volvió a regalar al mundo una noche mágica (con el tuit más rettwiteado: "Four more years" todo nos parece made in Hollywood) tras el desgaste de cuatro años de una legislatura, en mi opinión, insatisfactoria.

   Después de una campaña algo irregular, el demócrata volvía a abrir la agenda en el mismo punto y lugar en que la había dejado, desplazándose a Birmania en visita diplomática y siguiendo de cerca la crudeza del conflicto sirio. El pueblo norteamericano había avalado hacía unos años su proyecto reformista: un ideal de los viejos cánones del Estado de Bienestar europeo (hoy aparentemente extinto tras el derrumbe económico aparejado a una crisis de raíces privadas) por el que la oposición, los lobbys e imagino que más de uno de los suyos no estaban dispuestos a perder más tiempo que el necesario para boicotearlo. Proyecto que se verá nuevamente frustrado por quienes esperaban una transformación completa, más allá del efectivo tránsito a una reforma sanitaria, de los parámetros trazados por el capitalismo de la Guerra Fría. Obama no es muy diferente a otros presidentes demócratas, sigue la estela de un estado que parece vivir ignorante a las realidades que se viven en el resto del mundo y, lo que aún sorprende, a las que se viven en el propio país. Y hablo del demócrata y no del presidente o aspirante republicano porque del discurso del primero pueden generarse expectativas que, con mejor o peor éxito, lleguen a cristalizar en el sistema, mientras el segundo, aun fuera del gobierno, postulará por el conservadurismo radical y el liberalismo salvaje de los mercados ("a la derecha de nuestra derecha" decía uno de mis profesores) y difícilmente catalogable como demócrata (ahora en el sentido más amplio del término) a este lado del Atlántico. El estado de estados está, por el momento, avocado a vivir la realidad que ha escogido, quizás también el resto de Occidente lo haya hecho, silenciando a la importante minoría de la pobreza.

   En materia de defensa, interior o política internacional se han mantenido algunas constantes, si bien se ha cerrado página en Afganistán e Irak, se han guardado en un cajón cuestiones trascendentales como la clausura de Guantánamo, vetada en el Congreso, y el de los centros clandestinos de detención (y tortura) de la CIA, reclamado en su día por Naciones Unidas. El imborrable y aplaudido (hay quien dice que no suficientemente contrastado) asesinato de Bin Laden y el de aquellos que se encontraban con él en el momento de su muerte. Uno y otro son avales a la presunción de supremacía de su jurisdicción y al ejercicio continuado de terrorismo de estado, que desde luego conduce al repudiable equilibrio entre la figura de uno y otro ejecutor. Quitamos, sin quererlo, brillo a la inesperada y precoz medalla del Nobel de la Paz de 2009. 

   Siendo justos con Obama, así lo merece, su gobierno ha sido capaz de llenar de esperanza el corazón del norteamericano de la calle que ve en su figura a la del líder capaz de romper las desigualdades sociales y recuperar todo el sentido al sueño americano de las clases medias desdibujado desde los años treinta. El ciudadano que vive feliz con una vida sencilla, de la que tanto podría hablarse y de la que se ha escrito tan poco, que no siente complejo de banderas, no tiembla por la patria, ni envidia al gigante chino, pues conoce que en su superioridad se esconde el sufrimiento de quienes como él también anhelaban y no consiguieron disfrutar de esa vida sencilla.



   El problema, en abstracto, que se corre poniendo en duda a los líderes que apuestan más firmemente por los ideales democráticos, que hacen valer las estructuras del Estado de Derecho y la salvaguarda de los derechos de sus pueblos, reside en el auge de alternativas que hacen peligrar las libertades adquiridas. 

   La última huelga general en España deja evidencias de lo que trato de explicar. De un lado, volvió a exhibirse violencia de algunos individuos que mantienen, espero que con vergüenza, la placa policial. La carencia en la diligencia debida (la mente fría de quien sostiene un arma) deja clara la insuficiente cultura ética, jurídica y social de aquellos que en ejercicio de sus funciones causan maltrato, pero también, y esto quizás es más alarmante, lleva en su trasfondo implícita una incuestionable orden político-gubernamental que disgusta del sano ejercicio del derecho de reunión.

   Por otra parte los mal llamados piquetes informativos (en 2012 y con los avances informáticos carece de sentido dar a conocer a nadie la convocatoria de una huelga general que está siendo radiada en todos los medios y redes sociales) ejercen igualmente la violencia y no es mejor que la de los anteriores, lo que demuestra que cuando se tira de la cuerda por este otro lado la democracia también acaba destartalada. Refugiados en la tensión y el insulto rebajan un sistema que les viene grande, haciendo de su inseguridad la anarquía.

   Vivimos días en que el concepto de Estado y la unidad ideológica en el mínimo común denominador que conlleva sostenerlo se han puesto radicalmente en duda, ya no se deja cuestionar sólo por quienes, vulnerables o no, se sienten desprotegidos por el sistema, ahora aúna el grito ahogado de más de un intelectual que se ha aburrido de la corrupción y el escándalo. La realidad es compleja. Sigo pensando que no hay más demócrata que quien escucha y vive en el pueblo respetando la diversidad ideológica aun cuando no haya motivos compartidos, el que da cabida y disfruta en el debate y el que no permite distorsión alguna de la libertad de expresión.

   ... Y ahora que la alegría de la victoria en su noche electoral se empaña en mis ojos por el triste y profundo temor de que el hombre bueno fuera sólo el símbolo del hombre negro, es cuando me reafirmo como el pueblo americano, quizás ignorantes, en concederle ese bien, tan extraño en la vida, que es el de las segundas oportunidades.

   Ahora el demócrata es quien tiene la última palabra.

(...) 

   La música de un violín despeja mis reflexiones, detrás de él un músico toca con entusiasmo ante la indiferencia fingida de su aforo. El metro da algún que otro vaivén pero no desagrada, ni siquiera es perceptible, al viajero que se mueve en transporte público con frecuencia. Entran y salen masas de gente y en el suelo hay un diario que habla del reconocimiento de un Estado y de Naciones Unidas, y en letras muy grandes el nombre de Israel y el de Palestina.


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jueves, 1 de noviembre de 2012

Hombre de otoño

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   A menudo me pregunto cuánto puedo aguantar sin escribir en el blog... no es nada excepcional, me pasa con frecuencia, sobre todo en la piscina cuando pienso en el tiempo que puedo permanecer bajo la superficie conteniendo la respiración... es entonces cuando el ansia por el oxígeno (los más románticos dirían que por la vida) me obliga a salir al exterior con el corazón agitado. No me desagrada la sensación y es por ello que la repito usualmente intentando recorrer mayores distancias o aguantar más segundos dentro del agua. Con el blog, sin embargo, las ausencias suelen ir envueltas de desazón... por el tiempo malgastado en asuntos de apariencia irrelevante o en las ganas para describir rutinas que, divertidas o profundas, no dejan de ser personalísimas, no sólo por la privacidad también por la carencia de interés.

   Esta es la primera vez que no he publicado nada en el mes de Octubre, mi mes y el de Diente de León, y quizás por ello la necesidad de escribir unas líneas introductorias llenas de pretextos, de excusas banales que me permitiesen continuar divagando pensamientos en la web.

   Con la última entrada, La Matrioska, abordaba el debate catalán en clave histórico integradora, desde entonces se ha hablado mucho y muy burdo, por lo que me he ido apartando del tema como el recién llegado a una fiesta a la que no se le ha invitado (salvo que seas Peter Sellers en El Guateque). Por otro lado, y como adelantaba entonces, las elecciones vascas se saldaron con un triunfo nacionalista que deja la puerta abierta a un futuro paralelo entre la Señera y la Ikurriña, en Galicia arrolló el PP, y el PSOE que empieza a presentar síntomas de enfermo crónico (como el PASOK griego) lanza mensajes ambiguos y se muestra endeble ante una creciente oposición (más radical y menos demócrata) que lucha por arrebatarle la hegemonía de las izquierdas.

   Escribí la última entrada el catorce de septiembre y tan sólo un día después, tras haber visto frustrado por la tormenta un divertido plan de cañas y bares con mi amiga Carmen en el día grande de romería de mi pueblo, me sorprendí creando un segundo blog hermano y secuela de este primero, en el que a diferencia de Diente de León (que es y siempre será cabecera) no escribo y apenas si comparto. Me dedico a disfrutar observando imágenes fantásticas, fotos que un puñado de seres excepcionales gustan de enseñar al mundo y que a su vez, reciben la llamada de miles de personas "reblogueando" el contenido en una cadena de solidaridad y belleza sin parangón. La firma, muy alejada del estilo Blogger, se abre paso entre las posibilidades de escribir, ver y difundir en tiempo real a lo Twitter, pero en tanto blog con un contenido de calidad alejado del concepto (si se quiere más escueto) de las redes sociales. Es un blog de blogs, es Tumblr. 

   En España, y por lo que he ido preguntando a mis conocidos, el mundo Tumblr. está aún por descubrir (es posible que nunca se descubra) pero en otros países como Brasil, Chile o Estados Unidos y sobre todo entre la gente más joven está muy extendido, cultivando por donde pasa la tendencia y subculturas hipster, pop, vintage o naíf que acabarán vertiéndose en las formas de vida y expresión de la gente y de sus pueblos (Canta Love of Lesbian "Lo habitual, lo normal, ser ciudad. Tendré que reinventar, reinventar mi ciudad.... Soy ciudad" en su tema Cínicamente muertos).




 
   Con todo este rollazo y todavía no os he mostrado mi segundo blog, se llama Magic & Fun. y el dominio, ghibliote en honor a Studio Ghibli, es el siguiente: 


   Con el final de septiembre y el transcurso de octubre he recuperado mi espacio en Madrid, aunque de un modo diferente al de otros años porque la vida, que va marcando los tempos y a veces nos pilla desprevenidos, no regala dos días iguales. Ahora conduzco de verdad, y me enfado con la ciudad y sus conductores, a menudo mal educados y agresivos, personas frustradas que desconocen el motivo de su prisa. Yo no quiero vivir así. 

   Las revueltas que azotaron la ciudad después del boom del 25S dejaron claro varias cosas, de un lado que el ciudadano (manifestante o no) está agotado del sistema en que vive y en el que ha colaborado por dotar de existencia y, lo que es más grave, lo está de buscar alternativas a una sociedad naturalmente ingrata. Por otra parte, la imagen de los antidisturbios en Atocha lanzando pelotas de goma a través de las vías de cercanías resume el significado de eso que algunos ahora llaman "marca España".

   En este lapso temporal, el de la ausencia, he escrito varias entradas incompletas, borradores que nunca verán la luz y en su caso, el de alguna que puede verla en un futuro muy lejano, cuando las palabras que la integran hayan perdido su sentido o cobren uno diferente. 

   He soñado mucho, aventurándome en aldeas enterradas llenas de gente, de fiesta y de luz o dando alimento, abrigo y cobijo a un gato enclenque y enfermo que se transformaba en una preciosa ser diminuto. Al despertar, sólo la almohada se acuerda de los pormenores y Madrid vuelve a aparecer entre la niebla ante mis ojos, frío y gris como nunca antes lo hubiera imaginado, como si viviera sumido en un otoño eterno, como el paseante que camina hacia el cementerio de sus recuerdos.

   Quizás algún día vuelva a narrar sus sueños. 


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viernes, 14 de septiembre de 2012

La Matrioska

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   Así empezó todo, fue el once de septiembre de 2012, ese día se cumplía con el undécimo aniversario del atentado terrorista que colapsó la ciudad de Nueva York e impactó al mundo. Once años más tarde amanecía fresco en Barcelona aunque el día se caldearía en las horas centrales, no abandonaba el verano a la Ciudad Condal, en el transcurso de la tarde fueron llenando las calles varios cientos de miles de personas que abrazando la Señera o la Estelada festejaban la Diada Catalana. Desde luego los hechos que se produjeron el martes pasado no representarían la trascendencia mediática que arrastró la caída de las torres gemelas, pero quizás... y esto es lo que hoy escribo y no concluyo, daría origen a algo que llevaba dejándose oír durante mucho tiempo en todos los rincones de España, y hasta en algunos del extranjero, un grito mudo que ahogaba las esperanzas de los que alguna vez hemos creído en la unidad del país. Un grito que clama la palabra Independencia.

   Independencia. Trece letras e infinitas connotaciones, empezamos.

(...)

   Como tantas otras veces he vuelto a empezar por el final, será por esto de la insoportable incertidumbre que entraña todo desenlace. El comienzo, sin embargo, es tan antiguo que he de barrer todo el siglo XX, hasta llegar a la moderna y segunda República Española, donde sin encontrar firmes referencias a la descentralización, se perfilan los estatutos de las comunidades donde el germen nacionalista había brotado con más éxito, coincidían, dicho sea de paso, con aquellas que compartían otra lengua diferente al castellano (Catalán y Cataluña en el '32, Euskera y País Vasco en el '36 y el Gallego en Galicia que no llegaría a ver la luz, tras los avatares de la guerra y la cara puesta al sol).

   Después de la guerra llegaría el Caudillo Franco (inciso: a menudo le llamo Comandantín, tras ver uno de esos vomitivos debates del sábado noche en telecinco en que una María Antonia Iglesias histérica aseguraba que debía ser recordado por su mote original, un juego de altura entre dos gigantes de nuestra historia, yo la creo). Volviendo al tema, el general tenía mucho miedo a la idea de la descentralización, no hablemos del federalismo (o de la democracia, la división de poderes, el Estado de Derecho, los derechos humanos...) y es por ello que creó un lema sencillo y de fácil recuerdo: Una, Grande y Libre.

   Pero el eslogan era falaz. España ya no era grande, se habían perdido los bastiones americanos y asiáticos, y el Marruecos español se entrega en el '56. Los nostálgicos que recordaban el siglo aquél en que el Imperio no veía ponerse el sol se acostaban en la penumbra de la franja horaria GMT +1. España no era libre, huelga decir más. Y pese al camuflaje del dictador, España no era una, nunca lo había sido (recordemos que el Reino no es sino la asociación de los históricos de Castilla, León, Aragón, Navarra y Granada) y nunca lo sería, pues en su seno vivían y viven muchas personas de diferentes sensibilidades que no obedecen a cánones prefabricados, ni sentían ni sienten lo mismo al escuchar el himno ni ver ondear la rojigualda. 

   Reconquistada la democracia, las reglas del juego se ven modificadas, los españoles ratifican una Constitución, que natural e inmediatamente se convierte en suya, y que conlleva la aceptación de figuras tales como la Corona (extinta desde el '31), el nuevo y divertido Estado de las Autonomías, el Tribunal Constitucional o un buen catálogo de derechos. Por entonces las apagadas esperanzas nacionalistas en los territorios catalán y vasco vuelven a despertarse, pero siguen diferentes cauces. Mientras en País Vasco el nacionalismo emulará los pasos de Irlanda en su lucha por la secesión, derramando por el camino muchísima sangre (la sangre inocente siempre es excesiva), Cataluña se amoldará con más comodidad al humilde estatus regional a la espera de absorber el suficiente poder, vía democrática, para alcanzar un respaldo social considerable que levante de la comunidad un Estado, para el caso se aprecian similitudes al independentismo de Quebec en Canadá o Escocia en Reino Unido.

   Hoy mucha gente critica a placer el Estado de las Autonomías, y aun con sus evidentes desperfectos, no seré yo quien venga a subirme al carro. El hecho de crear identidad de región, fomentar la cultura y la lengua propias, madurar la costumbre en la innovación del presente, hubiera sido impensable sin la rica participación de las diecisiete comunidades. Ahora bien, es evidente que el objetivo de la Asamblea Constituyente no era, y no cabe otra interpretación, abrir las puertas a la segregación de estas regiones del Estado, de ahí la redacción de los artículos dos (indisoluble unidad de la nación) y ciento cincuenta y cinco (suspensión de la autonomía).

   Concluyo el enredo volviendo al presente:

   Después del Once de Septiembre y, como suele ocurrir después de una profunda tormenta, impera una calma tensa y enrarecida ante la previsión de futuras precipitaciones. El presidente de la Generalitat, Artur Mas, no perseguía en origen la consigna independentista sino la formación de un nuevo Pacto Fiscal que cambiase el modelo de financiación autonómica (por el que Cataluña paga más de lo que recibe). En una estrategia netamente política invitó a la ciudadanía catalana a la congregación el día de la región aullando por la independencia, tan temida en Madrid, como instrumento de presión al Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, de cara a su visita del 20 de septiembre.

   La estrategia, a tenor de la respuesta ciudadana (se estima en un millón y medio de personas) habría sido todo un éxito. La pelota está en el tejado de Rajoy y todo apunta que va a necesitar un par de paraguas si no resuelve la cuestión con más celeridad de la que nos tiene acostumbrados, pues de un lado, si atendemos exclusivamente a la formación del Parlament catalán, el referéndum podría saldarse con una victoria aplastante del Sí a la independencia (entre un 60 y un 70% de los sufragios) y de otro, las elecciones vascas previstas para el 21 de octubre auguran una victoria nacionalista reforzada con los independentistas de Sortu. Sin lugar a dudas puede desatar una oleada separatista sin parangón en la historia reciente.

   De formalizarse la independencia catalana y/o vasca se constataría que la descentralización que tan bien estaba funcionando en otros países de Europa y América no ha cuajado del mismo modo en España y, en el caso hipotético, forzaría la desaparición del país. Si éstos u otros territorios salen del Estado el espacio que hoy conocemos como España podrá seguir siendo así llamado, pero técnicamente designará una nueva realidad.


   Precisamente porque España no era Una, sino porque España son Muchas he querido titular a la entrada La Matrioska, la famosa muñeca rusa que al abrirla deja ver otras más pequeñas en su interior. Siempre he creído que nuestro país, más allá de diferencias geográficas, escondía una inmensa diversidad ideológica y social que la convertía en un país plural de puertas castellanas y ventanas mediterráneas abiertas a la convivencia de sus gentes, lo que es (sin necesidad de aditivos) tremendamente sano.


Una preciosa Matrioska rusa, hallada en el tumblr. "The Yellow Kite"
 

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sábado, 25 de agosto de 2012

Sabelotodo

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   Hace un puñado de entradas os prometía que no volvería a hablar de la situación económica del país mientras ésta esté ahogando a tantas personas. La realidad es que hoy voy a romper mi promesa, al menos parcialmente, no pretendo hablar de las políticas fiscales que lleva a cabo el Gobierno ni las monetarias que se reclaman al BCE, tampoco quiero ahondar en sus efectos ni destapar la cara más amarga de esta crisis, la que tiene nombre de niño, la que inexorablemente se encontrará con un futuro negro.

   Hoy quiero hablar de conducta y sociología.

   Todo comenzó un día de verano en que, como en tantas otras mañanas de agosto, me encontraba en la piscina municipal disfrutando de los rayos de sol más vivos y profundos del estío, del agua y el baño, de la calma de un buen libro bajo la sombra de un árbol. Disfrutando del placer de la desconexión. Tumbado en la parcilla con la mirada perdida en el cielo, escuché sin pretenderlo la conversación entre un bañista de mi pueblo y otro alemán. La conversación versaba precisamente sobre la coyuntura político económica que atraviesa el país y su desencadenante europeo. La realidad es que el hombre de mi pueblo se las daba de entendido, y como quien no quiere la cosa vaticinaba la caída de Alemania, la Unión Europea y hasta Estados Unidos. Quiero pensar que se refería a una caída de su GDP (PIB). Ante la erudición del caballero, el alemán y yo quedamos igualmente contrariados, cómo podía un hombre de su altura intelectual estar chapoteando en una piscina de pueblo, en lugar de participar con su conocimiento y su predicción en los gabinetes de Rajoy y Rubalcaba. 

   Parece que el buen hombre, no quedó satisfecho con la clase magistral de economía acuática sino que al día siguiente lo vi rodeado de un grupo de parroquianos con quienes debatía acerca de la mala educación de los jóvenes de hoy y los problemas que atraviesan nuestras aulas. 

   El hombre no es economista y hace mucho que no pisa un colegio o escuela, sin embargo, siente la autoridad moral de compartir sus impresiones con el resto, lo que ha ido oyendo de aquí y de allí, lo que no ha visto pero alguien le ha contado, porque el hombre no necesita conocer ni contrastar demasiado para ofrecer todo lo que lleva dentro en sus seminarios, eso sí, de chancleta y flotador.

   Respeto la libre expresión, allá cada cual, pero hay ciertos espacios y momentos, uno de ellos es la piscina y el relax que por definición me tiene aparejada, en que no puedo tolerar conversaciones tan recurrentes y pobres como aquellas con las que el hombre pretendía comulgáramos.

   En realidad su teoría del "dominó" no es nueva, la ha podido escuchar desde que comenzó la crisis con los primeros avatares en la decadente Grecia. Aquella que postulaba que la vehemente interrelación económica, política y social del continente (expansible a todo el mundo occidental) acabaría repartiendo los resultados de la crisis por todos los estados europeos, que como piezas de dominó, irían cayendo uno a uno, arrastrados por la inercia del movimiento. Trágica consecuencia de la comprensión de un mundo globalizado.

   La teoría no es mala, pero está incompleta, deducir que la situación española (azotada por un desempleo que duplica al de la eurozona y la UE) es consecuencia reconducible a la tragedia griega me parece irracional, al menos si se piensa desde la exclusividad del curso causal, desde luego es cierto que el aumento del riesgo soberano se incrementa por las previsiones especulativas de los inversores, pero los fallos sistémicos que todavía arrastra nuestra economía son anteriores y, hoy por hoy, más preocupantes.

   La cuestión, volviendo al piscinero (que me está haciendo la entrada) es que desde que empezó la crisis económica, en el lejano 2008, la sociedad ha visto alterar su rol incorporando ahora una mentalidad de reproche, que se abre camino entre la amargura y la responsabilidad social. Desde que empezó la crisis todo el mundo tiene un pequeño "sabelotodo" dentro que le dice lo que debería haberse hecho antes de llegar a la situación actual, un sabelotodo que le permite debatir acerca de temas que le son del todo ajenos y de los que apenas si conoce sus nombres (prima de riesgo, deuda soberana, déficit público, inflación...). El problema no está en que la gente quiera participar en la economía (ello es muy sano) el problema es que no se preocupan por formarse para tener conocimientos amplios y objetivos, el problema reside en que la mentalidad del reproche no es constructiva, no persigue soluciones sino culpas.

   Así bien, siento que hemos perdido el valor del silencio y de la escucha. Que seamos libres de expresión, no nos despoja de la racionalidad para discernir las cuestiones en las que podemos participar con coherencia. Es el valor de la persona que cultiva su conocimiento y no habla por hablar.  


Fotografía de Vivian Maier


   ¿Dónde hemos guardado el gusto por lo sencillo? Las conversaciones de cafetería (quizás también las de piscina) gozaban antes del sabor al reencuentro y la confidencia, de inquietudes personales y mundanas, parcelas tan alejadas al rumbo gris de la economía. Compartiendo meriendas de nostalgia y reflexión en que sin mediar palabra se cruzan miradas ensordecedoras. 

   Hoy me encuentro desolado en un país de sabelotodos (probablemente yo he sido el primero con esta entrada) que, a toro pasado, despliegan un sainete de opiniones en que la trama es España. Rayando el esperpento descubro que todos están ciegos, yo el primero, no hay sabelotodos, hay sabelo-nadas.
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domingo, 5 de agosto de 2012

De la teoría del dolor y la libre expresión

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   Hoy escribo desde el enfado bloggers. No suelo medir mi estado de ánimo en estas circunstancias, pero sé que hoy estoy enfadado y es de justicia que lo sepáis.

  Antes de narraros los desencadenantes, quiero compartir con vosotros una teoría que he desarrollado para la ocasión. La he bautizado "Teoría del dolor" pero siendo puristas ha de ser llamada "del mal estar" para diferenciar el dolor de los otros dos elementos básicos que integran mi diagrama. La teoría, como las grandes teorías, requiere de círculos secantes, para el caso, ilustrativos de los estados anímicos que rodean al dolor.




   La realidad que intento exponer es que se puede estar dolido sin por ello sentir enfado o tristeza, y del mismo modo para los adyacentes. Así con el dolor, me encuentro con personas que bien por falta de carisma o un bloqueo emocional son incapaces de exhibir otro sentimiento distinto al dolor, quizás es más frecuente en el dolor físico por la fuerza de la psique que arrastra una cadena de sentimientos.

   El dolor, como la tristeza y el enfado, puede presentarse en distintas formas, o gamas de color, según se ahonde en su profundidad. Por ejemplo, si pensamos que el color de la tristeza estándar es el amarillo, ésta se moverá desde un pálido con el mal examen a un tostado casi negro por la muerte del ser querido.

   He querido cerrar los círculos del mal estar con la posibilidad de contingencia entre ambos lo que se saldaría en conductas:

a) Melancólicas, para la combinación de tristeza con dolor.
b) Rencorosas, para tristeza con enfado.
c) Irascibles, para dolor con enfado.

   La teoría se completa con el ánimo MM (Muy Malo) que sería la fusión de los tres básicos anteriores. Me he visto incapaz de adjetivar esta emoción pues creo sinceramente que nunca la he sentido y, aún más, me atrevería a decir que muy poca gente lo ha hecho. 

   Pienso que debe ser un sentimiento de ruptura abrumadora y extrema conmoción. Sólo adivino a asociarlo con la madre que sobrevive a sus hijos.

   Volviendo a mi historia, os comentaba que hoy estoy enfadado, y lo digo con esta propiedad. En una escala de color que ha ido evolucionando desde el rojo fuego del shock inicial hasta el magenta edulcorado pasadas unas horas.

   Todo comenzaba esta mañana cuando abría, como es mi costumbre, los diarios digitales del país y me sorprendía al descubrir el despido de Xabier Fortes, periodista y conductor del formidable magazín "La Noche en 24 horas". Uno de esos debates en que, todavía hoy, el espectador puede disfrutar sin temor a la aparición de la nausea.

   Un programa ágil e imparcial que, dejando a un lado galardones, fue trazado con acierto y sin temor a la censura por Vicente Vallés. Xabier fue un orgulloso continuista, manteniendo vivo un formato que merecía estar en parrilla y en prime time.

   El disgusto por la salida de Xabier no ha sido sino el preámbulo al que estaba por venir.

   Hacia el mediodía he conocido el despido de Ana Pastor. Un despido que ha sido vendido burdamente por una, tan nueva como irreconocible, RTVE que declaraba el rechazo de la periodista al cambio de programa y de horario. Después de seis años de dedicación en la pública, hoy Ana ha debido sentir vergüenza de la que ha sido su casa (un fallo dejar fuera de la teoría del dolor a la vergüenza).

   Me atrevo a decir sin ambages que Ana Pastor es una de las mejores y más críticas periodistas de nuestro país. No conociendo de partidos, ejerció su profesión del modo más cercano al espectador y libre de ataduras éticas o estéticas fue abanderada de la libertad de expresión.

   Libertad de expresión que hoy se pone en jaque en un país que anda sin rumbo y atontado por la economía se permite despedir por la puerta de atrás a Xabi y a Ana.

   Ambos mantuvieron su integridad a salvaguarda en todo momento, y no me cabe duda que los dos, Profesionales, no encontrarán obstáculo alguno en el hallazgo de ofertas de empleo. Pero nunca será lo mismo porque reunidos en el medio público nos hacían cómplices de una información elaborada y conocida por y para todos.


... y ese es el motivo por el que paso del enfado a la tristeza y de ésta a la melancolía.
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