by Jesús Morales Serrano... Con la tecnología de Blogger.
domingo, 21 de abril de 2013

Sangre en la arena

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   Con frecuencia surgen de la actualidad de los medios, del barrio, la pandilla o el pueblo, temas espontáneos que acompasan nuestras tertulias, son del tipo: "han imputado a... se le puede ver con..." sobre los que, desde el criterio subjetivo, formamos la opinión que nos sirve a su vez de llave para acceder al debate. Sin embargo, éste no adopta siempre la misma estructura, y lo que a menudo se presentaba como materia sobrevenida y seguramente más amena, se transforma en ocasiones en temática general que hace poso entre la gente y que, aun sin quererlo, no deja de acompañarnos corroborando o aportando una visión de mayor alcance a nuestra postura original, ejemplos al uso son: la corrupción, el independentismo o la corona.

   Una de las mejores facetas que presenta un blog es la libertad que entraña. Yo modulo el contenido en cada entrada, os hago partícipes de lo que pienso y escribo y, posteriormente, os permito entrar a valorarlo, porque mi palabra no pone punto final al pensamiento que, exteriorizado o no, ha podido ser desencadenado. En esas cuestiones, entre las que a menudo me he embarrado hasta las mejillas sin mayor pretensión que escribir lo que pienso, hay una que, por la importancia que me merece, es sorprendente que haya sido olvidada en el tintero. 

   Aunque el debate parezca algo manido, el tema no deja de ser imprescindible si vives en este país, para mí lo es. Hablemos de tauromaquia. 

   En primer lugar, creo que es de justicia para el lector definir mi postura, de este modo, si prefiere no continuar leyendo puede dejarlo y seguir amparado por su nicho de conocimiento, prejuzgando el contenido de la parte narrada y no leída. Yo me defino taurino, amante de los toros, pero no en los términos de la acepción de la RAE que se inclina por secundar la fiesta, soy taurino porque a diferencia del torero y el aficionado, respeto la vida del toro.

   Hace poco escuché a Fernando Savater defender la tauromaquia, no es el único intelectual que lo hace, sin embargo de la amalgama de motivos que ofrecía (todos habían sido previamente escuchados) sólo puedo mantener uno: lo que hay de artístico en el espectáculo. Más allá de que pueda parecer grotesco, lo cierto es que el arte existe en tanto haya aparecido ante su creador y con indistinción de que su público pueda comprenderlo, no entiende de signos ni ideas preconcebidas, eso es lo que lo constituye como arte, en la originalidad está su razón de ser. Dejando sentado este punto de partida, cabe cuestionar la legitimidad de que goza una manifestación plástica de las características del toreo cuando se ponen en juego otros valores como la integridad del animal.

   Ciertamente no hay que ser jurista para comprender que el animal carece de derechos y obligaciones jurídicas, no es sujeto sometido a derecho, ello es una consecuencia lógica pues el único ser que dispone de plenas capacidades racionales para discernir qué es justo y qué no, es el hombre. Sin embargo, de la racionalidad del ser humano que ha sido estudiada a lo largo y ancho de la historia de la ciencia y la ética, cabe inferir un sentimiento de crueldad cuando de un espectáculo en que participan seres vivos e irracionales, indefensos en tanto no están sometidos a un destino previo e inherente a su naturaleza, como suele defenderse entre sus partidarios, pues la decisión de que el toro entre al ruedo no es del toro sino del hombre, consigue el culmen de la belleza, el arte y el placer en el derramamiento de su sangre sobre la arena, previa burla del animal y posterior festejo que, apagada su aura de fingida solemnidad en el pretendido jaleo de las masas, en el peor de los casos para el vencido concluye con su desmembración.

   Es complejo adentrarse en el debate del padecimiento del animal. No soy científico y por desgracia aún no dispongo del suficiente conocimiento en la materia para profundizar en lo que siente un ser vivo diferente al ser humano, y a veces ni siquiera estoy convencido de comprender a este último, pero más allá de la carencia emocional del animal (lo que nos conduciría a debates paralelos) parece que una exhibición de queja fruto del dolor requiera de un procedimiento intelectual que exceda a la neurología. Si un niño se cae al suelo llora, si un perro es golpeado ladra, incluso si la hoja de una planta, que no conoce de sistema nervioso, es recortada dejará ver su látex, la mecánica no es diferente con el toro, que se retuerce y se rinde al ser embestido. El ser humano que es capaz de percibir tal padecer y se deleita del espectáculo, cubre de sadismo su raciocinio.

   Por otra parte, suelen esgrimir sus defensores el arraigo aparejado a la que es ya una tradición y que incluso consigue del actual Gobierno el reconocimiento de bien de interés cultural. Probablemente esta manifestación no habría sido necesaria de no ser por el levantamiento en el Parlamento catalán de una ley de efectos adversos, que conllevaba la abolición del festejo en su territorio. Aquí entran en juego dos cuestiones: la primera es la concepción como fiesta consolidada en la sociedad porque han transcurrido el tiempo y la aceptación suficientes como para considerarla tradicional. Y en mi opinión es una soberana estupidez, imagínense la de barbarismos superados a lo largo de la historia que, aun aceptados por la sociedad de la época, hoy desde una visión más amplia y más culta del mundo han quedado denostados: desde la servidumbre al colonialismo, por su semejanza los combates de gladiadores, lapidaciones y quemas públicas o las torturas. Pero no sólo los males contra el hombre, también hoy se rechazan mayoritariamente la caza furtiva de especies protegidas, los incendios forestales provocados, la contaminación medioambiental o el maltrato animal. La segunda cuestión, la de la actuación del legislativo, probablemente no tenga ese trasfondo (pese a que los promotores de la ley catalana tenían espíritu ecologista)  lo cierto es que aquella ley se erigía (junto a la intención de retirar el inofensivo toro de Osborne) como señas de identidad y distinción del resto del estado, y la respuesta en España no fue mucho más inteligente pues desde el 91 no se celebraban corridas en Canarias y aquello no había levantado tales ampollas. Por otra parte, creo que es más lógico que sea el pueblo y no el gobernante, el que vaya decidiendo dar de lado a la fiesta, de lo contrario estaríamos ante un fraude democrático.

   Otro de los motivos fetén es el de la riqueza económica que genera el toreo, el ganadero que pone su esfuerzo en domesticar a estos animales para que salgan al ruedo, el empresario y el ayuntamiento que programan el cartel y el torero, que es ya de otra pasta, quien remata la faena (me olvido de rejoneadores, enfermeros, veterinarios, músicos y otros muchos). Si como vengo manteniendo la fiesta a costa del toro no es sólo cruel sino que además es irracional, parece comprensible que los recursos económicos que apareje devengan superfluos. El hecho de que en muchos países se viva activamente del tráfico de drogas o la trata de blancas no convierte, por mucha que sea la riqueza que puedan obtener sus promotores y gobiernos, a estas prácticas en tolerables socialmente. Desde luego, en los tiempos de crisis que corren la integridad del negociante y el negocio se han relativizado, y ya a nadie importa que Madrid se vaya a convertir en el hogar del juego de Europa o que vayamos a modificar la legislación antitabaco porque prometen (no hemos visto nada) un puñado de miles de empleos y de euros. Esperemos que al menos, esta vez sí, vayan a parar a las arcas públicas.

   Y aun cuando rechacemos mayoritariamente según que prácticas, lo cierto es que no existe, afortunadamente, una uniformidad de la moral. Sin embargo, no puede dejar de parecerme paradójico que en un país que, también por tradición, es mayoritariamente cristiano y católico, se vea con buenos ojos este tipo de torturas. Las palabras de Cristo son un bálsamo para millones de personas que encuentran en las suyas un mensaje de amor, ojeando la Biblia (no entro ya en el debate creacionista) Dios creó el mundo y la naturaleza que aflora en él, es por tanto, el toro una manifestación más de la obra divina, con lo que la consecuencia lógica es que reside en todo animal una parte de Dios, aun cuando no esté hecho a su imagen y semejanza. Cuando el toro es burlado, agredido y matado también lo está siendo la parte sagrada que cohabita en él, en otras palabras, se está burlando, agrediendo y matando a Dios. Y si el hombre está hecho a su imagen y semejanza ¿por qué iba el Señor a destruir su propia obra, no sería tanto como destruirse a sí mismo? Si estoy en lo cierto, los católicos que acuden al festejo pueden encontrarse en una situación desagradable, pues sólo hay algo peor que ser incongruente, ser ignorante.


Blood & Sand |Nimes| de Loran.

   La última cuestión es de punto y aparte... para mí la más delicada, es la del contraste con el veganismo. De un tiempo a esta parte el florecimiento de nuevas inquietudes, probablemente relacionadas con las sociedades del desarrollo, ha condicionado la forma de entender la vida de los sujetos que las poseen. Frente a la adopción moral de los protectores de los animales (en abstracto ecologistas) por rechazar tratos vejatorios a otros seres vivos y a la naturaleza en su conjunto, encontramos a los vegetarianos, quienes nutricionalmente y dejando a un lado convicciones, prescinden de incluir en su dieta productos derivados de la carne (graduado entre los que consumen productos de animal vivo, como el huevo y la leche, y los que no) y en el último eslabón de la cadena se sitúa el vegano cuya visión trasciende a una filosofía de vida, no sólo no come carne ni productos derivados, tampoco consiente el trato vejatorio, ni cualquier otra forma de explotación animal (lo que incluye la utilización de tejidos como la lana). El problema es de legitimidad y surge del contraste ¿Cómo puede el ecologista no vegano participar del debate de la tauromaquia cuando consume carne animal, si no lo hace amparado en su propia supervivencia? En la pregunta está la respuesta, y es que mientras la ingesta de carne constituye una fuente proteínica imprescindible para el desarrollo del ser humano, participar de la tauromaquia difícilmente cumple una necesidad básica de las descritas en la clásica Pirámide de Maslow o en su caso (profesión) sería tenida por fácilmente reemplazable. Desde luego no puedo ignorar una implicación subyacente en mi teoría y es que en este ciclo alimenticio superponemos el valor de la vida del hombre a la del animal, tal debate sencillamente trasciende al del toreo. 


(...)

   Hace ya once años, corría el verano de 2002 y yo con mis diez otoños escuchaba a la también joven Eva Amaral cantando Toda la noche en la calle, era un sencillo fresco dentro de uno de los mejores discos del grupo Estrella de Mar, indispensable para los historiadores del pop-rock en España. En una de sus estrofas dejaba caer un hilo fino de tristeza mezclado con la inmensa ansia de liberación que recorre la canción cuando empatiza con la temida bestia a su llegada a la plaza. Años más tarde, en 2008, el grupo firmaba Es sólo una canción, pasajera y reivindicativa, sirve al grupo de vía de escape y opinión, puede que como esta entrada, para el genial Gato NegroDragón Rojo. Con este tema, contemporáneo a la protesta como género, no olvida la angustia que le causan las huellas de la sangre derramada. Si en 2014 el grupo vuelve a sacar disco y hace referencia en clave de rechazo al toreo, además de cumplir un lapso temporal diabólico, pondría de relieve que el transcurrir del tiempo se viene limitando a exhibir una realidad inmutable pero que, al menos como poso de nuestra sociedad, sirve de fuente de debate.


"No sé qué pinto yo aquí, dijo un torito en la arena, si sólo quiero vivir"


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miércoles, 3 de abril de 2013

La música que preferíamos escuchar a solas.

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   Habrá sido este mes de marzo, que se me antoja más breve y más gris, que deja un sonido semejante al de la palabra pronunciada fuera de lugar y de tiempo, será que no le encuentro cabida en mi calendario, olvidado entre los recuerdos del año que se ha ido y el anhelo de la primavera remolona.

   No conozco mejor remedio para apaciguar el alma cansada que el que proporciona la música. La inyección del melómano le mueve a correr las cortinas, abrir las persianas y empujar ventanas y puertas, estimulado por el poder de una canción que revoluciona el día oscuro envolviéndolo en color, durante varios minutos mágicos en que las notas dibujan una nueva historia que, reescuchada, llena la estancia vacía. Erradicado el tedio, la tristeza y la nostalgia se evaporan.

   Quizás por el temor a que abril sea el reflejo de la desazón que dejó marzo, quizás porque tú hayas podido sentir lo mismo, he ideado una entrada que recopile algunas de aquellas canciones que preferimos escuchar a solas, la música que nos invade y que hurga en el silencio, la que nos acompaña cuando llegamos tarde y cansados a casa, la que atenúa el vértigo del tiempo y la que, sencillamente, nos regala un abrazo sincero.

(...)
 
Vincent (Don McLean)

   No era noche estrellada cuando andaba yo por el Covent Garden disfrutando de agosto, sino una mañana fresca y extrañamente soleada como la fruta recién caída del árbol cuando ha madurado lo suficiente. Fue entonces cuando la dulce melodía homenaje al artista holandés más querido, Van Gogh, despistó mis pensamientos y mis pasos, hipnotizado por las notas, cual ratoncillo de Hamelín, recorría las calles del mercado londinense prendado por el arte de aquél músico callejero. Desde luego no era Don McLean, al que, pese a lo grato de la experiencia, me hubiera gustado escuchar en directo. El neoyorquino no es sino otro cantautor maltratado por la amnesia de la historia, pero en cuya contribución al folk se puede encontrar una de las mejores facetas de la cultura popular y contemporánea estadounidense, su nombre, como el de otros grandes nacidos en los cuarenta: John Lennon, Gerry Rafferty o Aretha Franklin, merece sobrevivir al tiempo. Este tema y "American Pie" le reportaron un éxito pasajero que, del mismo modo que Vincent, desenlaza en el amargo sabor de la indiferencia.

They would not listen, they're no listen still. Perhaps they never will...
 

Titanium (David Guetta feat Sia)

   La prisa de la ciudad que no descansa se impregna del ritmo frenético del tráfico que recorre sus calles, rompe en Hit Fm aquél temazo de Guetta, "You shoot me down but I won't fall I'M TITANIUM!" y Eva que hoy lleva su viejo Polo pisa el acelerador, se puede leer en sus ojos la alegría del reencuentro con una canción que conoce bien y en la quizás se sienta retratada. Su ritmo y su letra amenazan a la pasividad y retan al pundonor. Es otra gran joya (en mi opinión la mejor) del gran dj francés que ha roto las listas de venta con su álbum "Nothing but the beat", en un estilo que se mueve entre lo comercial de la nueva tendencia en los diales europeos (música fácil y pegajosa, como la de Turn me on con la entrañable Nicky Minaj) y su más depurado y a menudo inaudible sonido electrónico. Es una paradoja que os traiga a colación este tema cuando con frecuencia ha salido del estudio vestido de monstruo de discoteca, sin embargo, lo que narra Guetta es una historia de superación, de esas que pueden vivirse junto a otras personas pero nunca con ellas. Porque esas historias, como la vida y como esta canción andan solas.



Tanto (Pablo Alborán)

   Con suavidad se apagan las luces del Palacio de los Deportes de Madrid, pero permanece lleno, no se mueve un alma y corre en el ambiente un silencio tangible, un silencio que espera impaciente la llegada de su verso. Pablo Alborán dejó hace algún tiempo de cantar y escribir, ahora es un poeta. El chico que tocaba la guitarra en su dormitorio para el mundo tras el portal de Youtube, el chico de aspecto humilde y familia noble, es un ladrón de corazones y un descubridor de la letra, y el público, que le adora, le ha convertido en el principal referente de la música española actual. Pero parece probable que a él no le importe demasiado, perdido como está en sus letras y canciones... la que hoy recojo no es sólo una más de su excelente cosecha, en ella se deshace de dolor observando los rescoldos de la que fuera una relación ardiente y plena. La profundidad de su voz inmadura no sólo narra historias de los anhelos que ha dejado el desamor, conmueve y emociona a una audiencia incapaz de dibujar en palabras sentimientos tan íntimos.



Breaking down (Florence and the Machine)

   Madrugada del viernes al sábado, la soledad de la estancia de una casa vacía poco iluminada por la tenue luz de un flexo de despacho, deja escuchar las entrañas de Madrid pidiendo un corazón con el que pasar la noche... y de la televisión, que creía apagada, ha empezado a brotar la profunda voz de Florence Welch, que no conoce mediaciones ni dobleces, instrumento letal que atraviesa lo corpóreo y baña en historias la memoria como una droga enferma al adicto, pero apareja un placer extraño. No puedo distinguir la obra que recoge Breaking Down junto con otras grandes piezas "Ceremonials" de su primer título "Lungs" dos partes de un todo perfecto, detrás del cual se esconde mucho más que el polvo que dejaron las rarezas e histrionismos de la superficie,  del que aún no conocemos continuación y que conjuga sin dificultad la mejor música independiente con el éxito comercial. El disco sigue sonando, y Florence inunda la habitación de nuevo con una letra compleja y tintes surrealistas, que rompen su resistencia, cediendo al amor y al misterio...

All alone,
On the edge of sleep,
My old familiar friend
Comes and lies down next to me.  

 (...)

I think I'm breaking down again.  


Hands on the radio (Chris Garneau)

   Las gotas de lluvia que van recorriendo lentamente mi ventana y las que borra el parabrisas, débiles, vulnerables a su atracción, absorben mi atención y ahogan mi estado de ánimo. En la tarde desapacible Garneau devuelve mi calma, su voz de terciopelo, a medio camino del susurro, es sincera y es naif. Su obra es en buena medida inaccesible a este lado del Atlántico, lo que le convierte con frecuencia en un perfecto desconocido. En sus canciones deja ver al niño que hay en él y que convive con el hombre que no alcanza a comprender el dolor aparejado al abandono o a la muerte, así es The leaving song en que, sin dejarnos escuchar el llanto, emociona con su "You are all I know" o en castellano "Eres todo lo que sé", con una letra por lo general de extraordinaria sencillez. "El Radio" recoge algún tema más alegre, como el célebre Fireflies. A medio camino Hands on the radio es quizás mi tema favorito de este autor y de esta entrada, la canción no es compleja aunque dice mucho menos de lo que quiere contar, de una despedida vespertina y breve y de la promesa de un reencuentro esperado en su pueblo favorito. Hay pocas muestras tan generosas como la de dejar libres los huecos de una historia, para que quien la escucha pueda hacerla suya.



*Bonus track: Rescue me (Fontella Bass)
 
   En algún día del último invierno me desperté con la trágica noticia de la muerte de la señora Bass, una cantante de éxito en los sesenta. Era extraño sentir lástima por ella pues no había oído hablar de la susodicha, nada que ver con aquellas otras damas de la música de renombre que nos abandonaban en 2012: Whitney Houston y Donna Summer.
-Antes de continuar un inciso: a menudo se comenta que los negros, sobre todo las mujeres negras, tienen mejores voces y es por ello que cantan tan bonito, detesto caer en generalizaciones, máxime cuando contienen un atisbo de discriminación racial, pero escuchando a cualquiera de las que menciono en esta entrada sólo puedo rendirme a la evidencia.-
   ¿Por dónde íbamos? Sí por la muerte de Bass en diciembre del año pasado... a la noticia que leía en un diario digital acompañaba el mismo vídeo que os muestro hoy, en que se presenta con fuerza ante un público enfervorecido por su carismática personalidad. Este tema "Rescue me" mucho más dinámico que el resto, incluso que el de Guetta, es al mismo tiempo un símbolo y un mensaje. El mensaje, algo manido, es el de una mujer sola que exige atención a su amor platónico. El símbolo, es parecido al que quisieron dibujar Alice Walker primero y Steven Spielberg más tarde en El color púrpura las vicisitudes a que se enfrenta una mujer negra en una sociedad como la norteamericana del siglo XX gobernada por varones blancos y protestantes. Es un canto a la libertad de expresión del ser humano que ama y, pese a visualizarla en blanco y negro, trae la alegre nota de color a la entrada.



Y tú, ¿Qué temas prefieres escuchar a solas?


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sábado, 2 de febrero de 2013

La caja de los truenos

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   Es frecuente hojear a diario la prensa y analizar con la velocidad de una mirada inquieta los titulares más llamativos, los capaces de permanecer durante semanas, a veces meses, en la retina. Hace unos días leía una noticia acerca de un fenómeno meteorológico anormal y hermoso en Australia que había cubierto de espuma de mar la superficie marina y terrestre de varias ciudades, el resultado dejaba algunas imágenes curiosas que me hicieron reflexionar e imaginar cómo se había producido, si era susceptible de repetirse en un futuro o en otro lugar del planeta... puedo decir que la sencillez que envolvía el acontecimiento evolucionaba fascinante en mis ojos y mi cabeza, dibujando escenas y paisajes hasta entonces desconocidos.

   Así fue pasando el tiempo y a aquella noticia siguieron otras, hasta que un día, puede incluso que fuera antes porque ya no lo recuerdo, el diario El Mundo publicaba una noticia terrible acerca de un evasor de impuestos que había repartido su patrimonio entre diferentes paraísos fiscales con el fin de eludir el pago de tributos y que, aprovechando la amnistía fiscal de Rajoy mientras los asalariados pagaban religiosamente al fisco, retornó su capital a España, ahora blanqueado. La cuestión que no deja de constituir el pan de cada día en un país que aun azotado por el paro no da señales de aflicción gracias, en parte, a las grandes fortunas sumergidas, podría haber pasado fácilmente desapercibida por la habitualidad de la práctica, muy a pesar de las grandes cantidades desveladas en más de 20 millones de euros sobre una estimación de entre el 20% y el 50% de su riqueza, de no ser porque aquél caballero (al que no pienso dar nombre pues sería ensalzar la figura de un personaje conocido por un acto miserable) habría amasado su fortuna de un modo fraudulento y, lo que es más grave, en el seno de un partido político. El Partido Popular, hoy en el gobierno.

   Un buen día el señor B. fue nombrado tesorero del partido ("el que custodia y distribuye los caudales" nos dice la RAE) y desde su posición era el encargado de contabilizar, conocer e informar de las transacciones más importantes que giraban en la esfera no parlamentaria del partido, conviene matizar antes de que sea tarde que la financiación de los partidos políticos en nuestro país es del todo restrictiva (a diferencia de lo que ocurre en otros países con una tradición jurídica más laxa en la materia) y ello es de este modo básicamente por dos razones:

1.- Los partidos políticos que desarrollan una actividad esencial al Estado democrático en el contexto del pluralismo político reconocido en la constitución, no son agentes económicos de primer nivel pues no desarrollan servicio económico alguno, más allá de los gastos inherentes a su normal desarrollo (actos de campaña, sedes institucionales...). Quienes sí desarrollan actividad económica (siquiera en la prestación de servicios públicos esenciales) son las Administraciones Públicas que, más allá de la incuestionable politización de su cúspide o la confusión propia a los Entes Locales, no constituyen ni pueden confundirse con los primeros sujetos.

2.- Los partidos políticos son potenciales candidatos a ocupar el poder ejecutivo, y como tales, de ellos va a depender la configuración de las Administraciones (por medio de Consejerías Autonómicas y Ministerios) en el desarrollo de sus políticas públicas, porque además la democracia permite reconducir al pueblo el enfoque que se da a la actuación administrativa. Es esencial que la Administración no obedezca sino a intereses generales, pues pertenecen a todos los ciudadanos en condiciones de igualdad con indistinción de su procedencia geográfica, sexo o credo. 

   De ahí la importancia de una financiación restrictiva de partidos. Comprenderá el lector que si un privado (como ocurre en las grandes y onerosas campañas estadounidenses) paga a un grupo político una buena suma en periodo electoral no lo hará por filantropía y difícilmente por convicción ideológica... es más probable que le mueva el deseo último de distraer a la Administración (de la que pretende se encargue el partido al que obsequia) de su persecución del interés general por aquél que le es más favorable, un interés particular.

   Pensábamos que los lobbys no existían en España hasta que nos paramos a pensar en quienes reciben las concesiones y contratos administrativos (el hermano, el primo, el amigo del primo, el vecino del sobrino, aquél con el que un día se tomó una caña...). Estos intereses y estas concesiones, uso fraudulento del sector público de lo más ordinario (en todas sus acepciones), se traducen en dinero y no hay muchas personas que puedan conocer de la existencia del mismo, supongo que aquellos que convocan falseadas licitaciones y esperan obtener algo a cambio o, si el escándalo alcanza a mayores, aquél que lleva la contabilidad de la empresa, en este caso del partido político, en este caso el tesorero.

   Parecía que después de la noticia de El Mundo las aguas volverían a su cauce y seguirían apareciendo publicaciones que taparan las anteriores hasta caer en el olvido aquellas extemporáneas. No fue así. 

   Al poco tiempo el diario El País lanzó la bomba con las fotografías de unos papeles. Alguno de mis profesores me ha dicho que el papel soporta muchas cosas, eso debió pensar el señor Rajoy cuando vio su nombre escrito entre los asientos de la contabilidad del dinero negro (pagado y no tributado) del señor B. ¿No sería irónico que quienes nos pedían responsabilidad y sacrificio, los que se vieron abocados a mentir incumpliendo sus promesas de campaña sean los mismos que han estado guardando grandes sumas detrás del cajón sin hacerlo saber a la Hacienda Pública? ¿¡No sería irónico, que quienes legislen delincan!?

   Hoy he leído (en La Gaceta ni más ni menos) que la letra que aparecía en aquella portada bomba de El País es del señor B. que lo ha testado un perito grafólogo, que la Ministra de Sanidad recibió dádivas de la trama Gürtel, que el partido impidió al Tribunal de Cuentas acceder a un extraño contrato. Y así un largo etcétera en un país en que la justicia se paraliza ante el ejecutivo, un país que vomita cuando oye hablar de su clase política (la del pluralismo) pero que carece de la valentía suficiente para construir, incluyendo democracia, soluciones más allá de la frontera de las palabras vacías (como las mías), de coser remiendos en una Constitución que está ajada, pues tampoco nos queda dinero o hipoteca para comprar una nueva. Quizás es más sencillo que todo eso y es reconducible a que en el código genético de nuestra España está la capacidad de crear estirpes, al temor a que nunca hayamos abandonado el modelo feudal... qué sé yo, pregunten a los Borbones.

(...)

   Y aunque no ha sido fácil después de un mal sueño vuelve a brillar la espuma blanca que moja las calles de alguna ciudad australiana, corre por sus montes y juega con los niños, acariciando las ventanas borra las preocupaciones entre suaves suspiros de añoranza y de amor al profundo calor de una tarde de verano al otro lado del globo, en algún rincón paradisiaco del Hemisferio Sur. 


Parque Nacional de Kakadu, Australia.

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martes, 11 de diciembre de 2012

La última palabra del demócrata

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   En la madrugada del 7 de noviembre europeo, la noche del 6 en Estados Unidos, me mantenía en vela contemplando el ordenador, reflexionando acerca de cómo se producía uno de esos hitos históricos que se guardan mejor en la mente humana que en las pesadas enciclopedias o en las modernas wikipedias. Miento si digo que la reelección de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos fue un hito, cede a la controversia, al menos sí fue capaz de evocar el recuerdo de aquel sueño que comenzaba en 2008 cuando por primera vez un hombre negro se sentaba en el despacho oval de la casa blanca. Sea o no acontecimiento histórico lo cierto es que Obama volvió a regalar al mundo una noche mágica (con el tuit más rettwiteado: "Four more years" todo nos parece made in Hollywood) tras el desgaste de cuatro años de una legislatura, en mi opinión, insatisfactoria.

   Después de una campaña algo irregular, el demócrata volvía a abrir la agenda en el mismo punto y lugar en que la había dejado, desplazándose a Birmania en visita diplomática y siguiendo de cerca la crudeza del conflicto sirio. El pueblo norteamericano había avalado hacía unos años su proyecto reformista: un ideal de los viejos cánones del Estado de Bienestar europeo (hoy aparentemente extinto tras el derrumbe económico aparejado a una crisis de raíces privadas) por el que la oposición, los lobbys e imagino que más de uno de los suyos no estaban dispuestos a perder más tiempo que el necesario para boicotearlo. Proyecto que se verá nuevamente frustrado por quienes esperaban una transformación completa, más allá del efectivo tránsito a una reforma sanitaria, de los parámetros trazados por el capitalismo de la Guerra Fría. Obama no es muy diferente a otros presidentes demócratas, sigue la estela de un estado que parece vivir ignorante a las realidades que se viven en el resto del mundo y, lo que aún sorprende, a las que se viven en el propio país. Y hablo del demócrata y no del presidente o aspirante republicano porque del discurso del primero pueden generarse expectativas que, con mejor o peor éxito, lleguen a cristalizar en el sistema, mientras el segundo, aun fuera del gobierno, postulará por el conservadurismo radical y el liberalismo salvaje de los mercados ("a la derecha de nuestra derecha" decía uno de mis profesores) y difícilmente catalogable como demócrata (ahora en el sentido más amplio del término) a este lado del Atlántico. El estado de estados está, por el momento, avocado a vivir la realidad que ha escogido, quizás también el resto de Occidente lo haya hecho, silenciando a la importante minoría de la pobreza.

   En materia de defensa, interior o política internacional se han mantenido algunas constantes, si bien se ha cerrado página en Afganistán e Irak, se han guardado en un cajón cuestiones trascendentales como la clausura de Guantánamo, vetada en el Congreso, y el de los centros clandestinos de detención (y tortura) de la CIA, reclamado en su día por Naciones Unidas. El imborrable y aplaudido (hay quien dice que no suficientemente contrastado) asesinato de Bin Laden y el de aquellos que se encontraban con él en el momento de su muerte. Uno y otro son avales a la presunción de supremacía de su jurisdicción y al ejercicio continuado de terrorismo de estado, que desde luego conduce al repudiable equilibrio entre la figura de uno y otro ejecutor. Quitamos, sin quererlo, brillo a la inesperada y precoz medalla del Nobel de la Paz de 2009. 

   Siendo justos con Obama, así lo merece, su gobierno ha sido capaz de llenar de esperanza el corazón del norteamericano de la calle que ve en su figura a la del líder capaz de romper las desigualdades sociales y recuperar todo el sentido al sueño americano de las clases medias desdibujado desde los años treinta. El ciudadano que vive feliz con una vida sencilla, de la que tanto podría hablarse y de la que se ha escrito tan poco, que no siente complejo de banderas, no tiembla por la patria, ni envidia al gigante chino, pues conoce que en su superioridad se esconde el sufrimiento de quienes como él también anhelaban y no consiguieron disfrutar de esa vida sencilla.



   El problema, en abstracto, que se corre poniendo en duda a los líderes que apuestan más firmemente por los ideales democráticos, que hacen valer las estructuras del Estado de Derecho y la salvaguarda de los derechos de sus pueblos, reside en el auge de alternativas que hacen peligrar las libertades adquiridas. 

   La última huelga general en España deja evidencias de lo que trato de explicar. De un lado, volvió a exhibirse violencia de algunos individuos que mantienen, espero que con vergüenza, la placa policial. La carencia en la diligencia debida (la mente fría de quien sostiene un arma) deja clara la insuficiente cultura ética, jurídica y social de aquellos que en ejercicio de sus funciones causan maltrato, pero también, y esto quizás es más alarmante, lleva en su trasfondo implícita una incuestionable orden político-gubernamental que disgusta del sano ejercicio del derecho de reunión.

   Por otra parte los mal llamados piquetes informativos (en 2012 y con los avances informáticos carece de sentido dar a conocer a nadie la convocatoria de una huelga general que está siendo radiada en todos los medios y redes sociales) ejercen igualmente la violencia y no es mejor que la de los anteriores, lo que demuestra que cuando se tira de la cuerda por este otro lado la democracia también acaba destartalada. Refugiados en la tensión y el insulto rebajan un sistema que les viene grande, haciendo de su inseguridad la anarquía.

   Vivimos días en que el concepto de Estado y la unidad ideológica en el mínimo común denominador que conlleva sostenerlo se han puesto radicalmente en duda, ya no se deja cuestionar sólo por quienes, vulnerables o no, se sienten desprotegidos por el sistema, ahora aúna el grito ahogado de más de un intelectual que se ha aburrido de la corrupción y el escándalo. La realidad es compleja. Sigo pensando que no hay más demócrata que quien escucha y vive en el pueblo respetando la diversidad ideológica aun cuando no haya motivos compartidos, el que da cabida y disfruta en el debate y el que no permite distorsión alguna de la libertad de expresión.

   ... Y ahora que la alegría de la victoria en su noche electoral se empaña en mis ojos por el triste y profundo temor de que el hombre bueno fuera sólo el símbolo del hombre negro, es cuando me reafirmo como el pueblo americano, quizás ignorantes, en concederle ese bien, tan extraño en la vida, que es el de las segundas oportunidades.

   Ahora el demócrata es quien tiene la última palabra.

(...) 

   La música de un violín despeja mis reflexiones, detrás de él un músico toca con entusiasmo ante la indiferencia fingida de su aforo. El metro da algún que otro vaivén pero no desagrada, ni siquiera es perceptible, al viajero que se mueve en transporte público con frecuencia. Entran y salen masas de gente y en el suelo hay un diario que habla del reconocimiento de un Estado y de Naciones Unidas, y en letras muy grandes el nombre de Israel y el de Palestina.


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jueves, 1 de noviembre de 2012

Hombre de otoño

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   A menudo me pregunto cuánto puedo aguantar sin escribir en el blog... no es nada excepcional, me pasa con frecuencia, sobre todo en la piscina cuando pienso en el tiempo que puedo permanecer bajo la superficie conteniendo la respiración... es entonces cuando el ansia por el oxígeno (los más románticos dirían que por la vida) me obliga a salir al exterior con el corazón agitado. No me desagrada la sensación y es por ello que la repito usualmente intentando recorrer mayores distancias o aguantar más segundos dentro del agua. Con el blog, sin embargo, las ausencias suelen ir envueltas de desazón... por el tiempo malgastado en asuntos de apariencia irrelevante o en las ganas para describir rutinas que, divertidas o profundas, no dejan de ser personalísimas, no sólo por la privacidad también por la carencia de interés.

   Esta es la primera vez que no he publicado nada en el mes de Octubre, mi mes y el de Diente de León, y quizás por ello la necesidad de escribir unas líneas introductorias llenas de pretextos, de excusas banales que me permitiesen continuar divagando pensamientos en la web.

   Con la última entrada, La Matrioska, abordaba el debate catalán en clave histórico integradora, desde entonces se ha hablado mucho y muy burdo, por lo que me he ido apartando del tema como el recién llegado a una fiesta a la que no se le ha invitado (salvo que seas Peter Sellers en El Guateque). Por otro lado, y como adelantaba entonces, las elecciones vascas se saldaron con un triunfo nacionalista que deja la puerta abierta a un futuro paralelo entre la Señera y la Ikurriña, en Galicia arrolló el PP, y el PSOE que empieza a presentar síntomas de enfermo crónico (como el PASOK griego) lanza mensajes ambiguos y se muestra endeble ante una creciente oposición (más radical y menos demócrata) que lucha por arrebatarle la hegemonía de las izquierdas.

   Escribí la última entrada el catorce de septiembre y tan sólo un día después, tras haber visto frustrado por la tormenta un divertido plan de cañas y bares con mi amiga Carmen en el día grande de romería de mi pueblo, me sorprendí creando un segundo blog hermano y secuela de este primero, en el que a diferencia de Diente de León (que es y siempre será cabecera) no escribo y apenas si comparto. Me dedico a disfrutar observando imágenes fantásticas, fotos que un puñado de seres excepcionales gustan de enseñar al mundo y que a su vez, reciben la llamada de miles de personas "reblogueando" el contenido en una cadena de solidaridad y belleza sin parangón. La firma, muy alejada del estilo Blogger, se abre paso entre las posibilidades de escribir, ver y difundir en tiempo real a lo Twitter, pero en tanto blog con un contenido de calidad alejado del concepto (si se quiere más escueto) de las redes sociales. Es un blog de blogs, es Tumblr. 

   En España, y por lo que he ido preguntando a mis conocidos, el mundo Tumblr. está aún por descubrir (es posible que nunca se descubra) pero en otros países como Brasil, Chile o Estados Unidos y sobre todo entre la gente más joven está muy extendido, cultivando por donde pasa la tendencia y subculturas hipster, pop, vintage o naíf que acabarán vertiéndose en las formas de vida y expresión de la gente y de sus pueblos (Canta Love of Lesbian "Lo habitual, lo normal, ser ciudad. Tendré que reinventar, reinventar mi ciudad.... Soy ciudad" en su tema Cínicamente muertos).




 
   Con todo este rollazo y todavía no os he mostrado mi segundo blog, se llama Magic & Fun. y el dominio, ghibliote en honor a Studio Ghibli, es el siguiente: 


   Con el final de septiembre y el transcurso de octubre he recuperado mi espacio en Madrid, aunque de un modo diferente al de otros años porque la vida, que va marcando los tempos y a veces nos pilla desprevenidos, no regala dos días iguales. Ahora conduzco de verdad, y me enfado con la ciudad y sus conductores, a menudo mal educados y agresivos, personas frustradas que desconocen el motivo de su prisa. Yo no quiero vivir así. 

   Las revueltas que azotaron la ciudad después del boom del 25S dejaron claro varias cosas, de un lado que el ciudadano (manifestante o no) está agotado del sistema en que vive y en el que ha colaborado por dotar de existencia y, lo que es más grave, lo está de buscar alternativas a una sociedad naturalmente ingrata. Por otra parte, la imagen de los antidisturbios en Atocha lanzando pelotas de goma a través de las vías de cercanías resume el significado de eso que algunos ahora llaman "marca España".

   En este lapso temporal, el de la ausencia, he escrito varias entradas incompletas, borradores que nunca verán la luz y en su caso, el de alguna que puede verla en un futuro muy lejano, cuando las palabras que la integran hayan perdido su sentido o cobren uno diferente. 

   He soñado mucho, aventurándome en aldeas enterradas llenas de gente, de fiesta y de luz o dando alimento, abrigo y cobijo a un gato enclenque y enfermo que se transformaba en una preciosa ser diminuto. Al despertar, sólo la almohada se acuerda de los pormenores y Madrid vuelve a aparecer entre la niebla ante mis ojos, frío y gris como nunca antes lo hubiera imaginado, como si viviera sumido en un otoño eterno, como el paseante que camina hacia el cementerio de sus recuerdos.

   Quizás algún día vuelva a narrar sus sueños. 


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viernes, 14 de septiembre de 2012

La Matrioska

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   Así empezó todo, fue el once de septiembre de 2012, ese día se cumplía con el undécimo aniversario del atentado terrorista que colapsó la ciudad de Nueva York e impactó al mundo. Once años más tarde amanecía fresco en Barcelona aunque el día se caldearía en las horas centrales, no abandonaba el verano a la Ciudad Condal, en el transcurso de la tarde fueron llenando las calles varios cientos de miles de personas que abrazando la Señera o la Estelada festejaban la Diada Catalana. Desde luego los hechos que se produjeron el martes pasado no representarían la trascendencia mediática que arrastró la caída de las torres gemelas, pero quizás... y esto es lo que hoy escribo y no concluyo, daría origen a algo que llevaba dejándose oír durante mucho tiempo en todos los rincones de España, y hasta en algunos del extranjero, un grito mudo que ahogaba las esperanzas de los que alguna vez hemos creído en la unidad del país. Un grito que clama la palabra Independencia.

   Independencia. Trece letras e infinitas connotaciones, empezamos.

(...)

   Como tantas otras veces he vuelto a empezar por el final, será por esto de la insoportable incertidumbre que entraña todo desenlace. El comienzo, sin embargo, es tan antiguo que he de barrer todo el siglo XX, hasta llegar a la moderna y segunda República Española, donde sin encontrar firmes referencias a la descentralización, se perfilan los estatutos de las comunidades donde el germen nacionalista había brotado con más éxito, coincidían, dicho sea de paso, con aquellas que compartían otra lengua diferente al castellano (Catalán y Cataluña en el '32, Euskera y País Vasco en el '36 y el Gallego en Galicia que no llegaría a ver la luz, tras los avatares de la guerra y la cara puesta al sol).

   Después de la guerra llegaría el Caudillo Franco (inciso: a menudo le llamo Comandantín, tras ver uno de esos vomitivos debates del sábado noche en telecinco en que una María Antonia Iglesias histérica aseguraba que debía ser recordado por su mote original, un juego de altura entre dos gigantes de nuestra historia, yo la creo). Volviendo al tema, el general tenía mucho miedo a la idea de la descentralización, no hablemos del federalismo (o de la democracia, la división de poderes, el Estado de Derecho, los derechos humanos...) y es por ello que creó un lema sencillo y de fácil recuerdo: Una, Grande y Libre.

   Pero el eslogan era falaz. España ya no era grande, se habían perdido los bastiones americanos y asiáticos, y el Marruecos español se entrega en el '56. Los nostálgicos que recordaban el siglo aquél en que el Imperio no veía ponerse el sol se acostaban en la penumbra de la franja horaria GMT +1. España no era libre, huelga decir más. Y pese al camuflaje del dictador, España no era una, nunca lo había sido (recordemos que el Reino no es sino la asociación de los históricos de Castilla, León, Aragón, Navarra y Granada) y nunca lo sería, pues en su seno vivían y viven muchas personas de diferentes sensibilidades que no obedecen a cánones prefabricados, ni sentían ni sienten lo mismo al escuchar el himno ni ver ondear la rojigualda. 

   Reconquistada la democracia, las reglas del juego se ven modificadas, los españoles ratifican una Constitución, que natural e inmediatamente se convierte en suya, y que conlleva la aceptación de figuras tales como la Corona (extinta desde el '31), el nuevo y divertido Estado de las Autonomías, el Tribunal Constitucional o un buen catálogo de derechos. Por entonces las apagadas esperanzas nacionalistas en los territorios catalán y vasco vuelven a despertarse, pero siguen diferentes cauces. Mientras en País Vasco el nacionalismo emulará los pasos de Irlanda en su lucha por la secesión, derramando por el camino muchísima sangre (la sangre inocente siempre es excesiva), Cataluña se amoldará con más comodidad al humilde estatus regional a la espera de absorber el suficiente poder, vía democrática, para alcanzar un respaldo social considerable que levante de la comunidad un Estado, para el caso se aprecian similitudes al independentismo de Quebec en Canadá o Escocia en Reino Unido.

   Hoy mucha gente critica a placer el Estado de las Autonomías, y aun con sus evidentes desperfectos, no seré yo quien venga a subirme al carro. El hecho de crear identidad de región, fomentar la cultura y la lengua propias, madurar la costumbre en la innovación del presente, hubiera sido impensable sin la rica participación de las diecisiete comunidades. Ahora bien, es evidente que el objetivo de la Asamblea Constituyente no era, y no cabe otra interpretación, abrir las puertas a la segregación de estas regiones del Estado, de ahí la redacción de los artículos dos (indisoluble unidad de la nación) y ciento cincuenta y cinco (suspensión de la autonomía).

   Concluyo el enredo volviendo al presente:

   Después del Once de Septiembre y, como suele ocurrir después de una profunda tormenta, impera una calma tensa y enrarecida ante la previsión de futuras precipitaciones. El presidente de la Generalitat, Artur Mas, no perseguía en origen la consigna independentista sino la formación de un nuevo Pacto Fiscal que cambiase el modelo de financiación autonómica (por el que Cataluña paga más de lo que recibe). En una estrategia netamente política invitó a la ciudadanía catalana a la congregación el día de la región aullando por la independencia, tan temida en Madrid, como instrumento de presión al Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, de cara a su visita del 20 de septiembre.

   La estrategia, a tenor de la respuesta ciudadana (se estima en un millón y medio de personas) habría sido todo un éxito. La pelota está en el tejado de Rajoy y todo apunta que va a necesitar un par de paraguas si no resuelve la cuestión con más celeridad de la que nos tiene acostumbrados, pues de un lado, si atendemos exclusivamente a la formación del Parlament catalán, el referéndum podría saldarse con una victoria aplastante del Sí a la independencia (entre un 60 y un 70% de los sufragios) y de otro, las elecciones vascas previstas para el 21 de octubre auguran una victoria nacionalista reforzada con los independentistas de Sortu. Sin lugar a dudas puede desatar una oleada separatista sin parangón en la historia reciente.

   De formalizarse la independencia catalana y/o vasca se constataría que la descentralización que tan bien estaba funcionando en otros países de Europa y América no ha cuajado del mismo modo en España y, en el caso hipotético, forzaría la desaparición del país. Si éstos u otros territorios salen del Estado el espacio que hoy conocemos como España podrá seguir siendo así llamado, pero técnicamente designará una nueva realidad.


   Precisamente porque España no era Una, sino porque España son Muchas he querido titular a la entrada La Matrioska, la famosa muñeca rusa que al abrirla deja ver otras más pequeñas en su interior. Siempre he creído que nuestro país, más allá de diferencias geográficas, escondía una inmensa diversidad ideológica y social que la convertía en un país plural de puertas castellanas y ventanas mediterráneas abiertas a la convivencia de sus gentes, lo que es (sin necesidad de aditivos) tremendamente sano.


Una preciosa Matrioska rusa, hallada en el tumblr. "The Yellow Kite"
 

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sábado, 25 de agosto de 2012

Sabelotodo

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   Hace un puñado de entradas os prometía que no volvería a hablar de la situación económica del país mientras ésta esté ahogando a tantas personas. La realidad es que hoy voy a romper mi promesa, al menos parcialmente, no pretendo hablar de las políticas fiscales que lleva a cabo el Gobierno ni las monetarias que se reclaman al BCE, tampoco quiero ahondar en sus efectos ni destapar la cara más amarga de esta crisis, la que tiene nombre de niño, la que inexorablemente se encontrará con un futuro negro.

   Hoy quiero hablar de conducta y sociología.

   Todo comenzó un día de verano en que, como en tantas otras mañanas de agosto, me encontraba en la piscina municipal disfrutando de los rayos de sol más vivos y profundos del estío, del agua y el baño, de la calma de un buen libro bajo la sombra de un árbol. Disfrutando del placer de la desconexión. Tumbado en la parcilla con la mirada perdida en el cielo, escuché sin pretenderlo la conversación entre un bañista de mi pueblo y otro alemán. La conversación versaba precisamente sobre la coyuntura político económica que atraviesa el país y su desencadenante europeo. La realidad es que el hombre de mi pueblo se las daba de entendido, y como quien no quiere la cosa vaticinaba la caída de Alemania, la Unión Europea y hasta Estados Unidos. Quiero pensar que se refería a una caída de su GDP (PIB). Ante la erudición del caballero, el alemán y yo quedamos igualmente contrariados, cómo podía un hombre de su altura intelectual estar chapoteando en una piscina de pueblo, en lugar de participar con su conocimiento y su predicción en los gabinetes de Rajoy y Rubalcaba. 

   Parece que el buen hombre, no quedó satisfecho con la clase magistral de economía acuática sino que al día siguiente lo vi rodeado de un grupo de parroquianos con quienes debatía acerca de la mala educación de los jóvenes de hoy y los problemas que atraviesan nuestras aulas. 

   El hombre no es economista y hace mucho que no pisa un colegio o escuela, sin embargo, siente la autoridad moral de compartir sus impresiones con el resto, lo que ha ido oyendo de aquí y de allí, lo que no ha visto pero alguien le ha contado, porque el hombre no necesita conocer ni contrastar demasiado para ofrecer todo lo que lleva dentro en sus seminarios, eso sí, de chancleta y flotador.

   Respeto la libre expresión, allá cada cual, pero hay ciertos espacios y momentos, uno de ellos es la piscina y el relax que por definición me tiene aparejada, en que no puedo tolerar conversaciones tan recurrentes y pobres como aquellas con las que el hombre pretendía comulgáramos.

   En realidad su teoría del "dominó" no es nueva, la ha podido escuchar desde que comenzó la crisis con los primeros avatares en la decadente Grecia. Aquella que postulaba que la vehemente interrelación económica, política y social del continente (expansible a todo el mundo occidental) acabaría repartiendo los resultados de la crisis por todos los estados europeos, que como piezas de dominó, irían cayendo uno a uno, arrastrados por la inercia del movimiento. Trágica consecuencia de la comprensión de un mundo globalizado.

   La teoría no es mala, pero está incompleta, deducir que la situación española (azotada por un desempleo que duplica al de la eurozona y la UE) es consecuencia reconducible a la tragedia griega me parece irracional, al menos si se piensa desde la exclusividad del curso causal, desde luego es cierto que el aumento del riesgo soberano se incrementa por las previsiones especulativas de los inversores, pero los fallos sistémicos que todavía arrastra nuestra economía son anteriores y, hoy por hoy, más preocupantes.

   La cuestión, volviendo al piscinero (que me está haciendo la entrada) es que desde que empezó la crisis económica, en el lejano 2008, la sociedad ha visto alterar su rol incorporando ahora una mentalidad de reproche, que se abre camino entre la amargura y la responsabilidad social. Desde que empezó la crisis todo el mundo tiene un pequeño "sabelotodo" dentro que le dice lo que debería haberse hecho antes de llegar a la situación actual, un sabelotodo que le permite debatir acerca de temas que le son del todo ajenos y de los que apenas si conoce sus nombres (prima de riesgo, deuda soberana, déficit público, inflación...). El problema no está en que la gente quiera participar en la economía (ello es muy sano) el problema es que no se preocupan por formarse para tener conocimientos amplios y objetivos, el problema reside en que la mentalidad del reproche no es constructiva, no persigue soluciones sino culpas.

   Así bien, siento que hemos perdido el valor del silencio y de la escucha. Que seamos libres de expresión, no nos despoja de la racionalidad para discernir las cuestiones en las que podemos participar con coherencia. Es el valor de la persona que cultiva su conocimiento y no habla por hablar.  


Fotografía de Vivian Maier


   ¿Dónde hemos guardado el gusto por lo sencillo? Las conversaciones de cafetería (quizás también las de piscina) gozaban antes del sabor al reencuentro y la confidencia, de inquietudes personales y mundanas, parcelas tan alejadas al rumbo gris de la economía. Compartiendo meriendas de nostalgia y reflexión en que sin mediar palabra se cruzan miradas ensordecedoras. 

   Hoy me encuentro desolado en un país de sabelotodos (probablemente yo he sido el primero con esta entrada) que, a toro pasado, despliegan un sainete de opiniones en que la trama es España. Rayando el esperpento descubro que todos están ciegos, yo el primero, no hay sabelotodos, hay sabelo-nadas.
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domingo, 5 de agosto de 2012

De la teoría del dolor y la libre expresión

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   Hoy escribo desde el enfado bloggers. No suelo medir mi estado de ánimo en estas circunstancias, pero sé que hoy estoy enfadado y es de justicia que lo sepáis.

  Antes de narraros los desencadenantes, quiero compartir con vosotros una teoría que he desarrollado para la ocasión. La he bautizado "Teoría del dolor" pero siendo puristas ha de ser llamada "del mal estar" para diferenciar el dolor de los otros dos elementos básicos que integran mi diagrama. La teoría, como las grandes teorías, requiere de círculos secantes, para el caso, ilustrativos de los estados anímicos que rodean al dolor.




   La realidad que intento exponer es que se puede estar dolido sin por ello sentir enfado o tristeza, y del mismo modo para los adyacentes. Así con el dolor, me encuentro con personas que bien por falta de carisma o un bloqueo emocional son incapaces de exhibir otro sentimiento distinto al dolor, quizás es más frecuente en el dolor físico por la fuerza de la psique que arrastra una cadena de sentimientos.

   El dolor, como la tristeza y el enfado, puede presentarse en distintas formas, o gamas de color, según se ahonde en su profundidad. Por ejemplo, si pensamos que el color de la tristeza estándar es el amarillo, ésta se moverá desde un pálido con el mal examen a un tostado casi negro por la muerte del ser querido.

   He querido cerrar los círculos del mal estar con la posibilidad de contingencia entre ambos lo que se saldaría en conductas:

a) Melancólicas, para la combinación de tristeza con dolor.
b) Rencorosas, para tristeza con enfado.
c) Irascibles, para dolor con enfado.

   La teoría se completa con el ánimo MM (Muy Malo) que sería la fusión de los tres básicos anteriores. Me he visto incapaz de adjetivar esta emoción pues creo sinceramente que nunca la he sentido y, aún más, me atrevería a decir que muy poca gente lo ha hecho. 

   Pienso que debe ser un sentimiento de ruptura abrumadora y extrema conmoción. Sólo adivino a asociarlo con la madre que sobrevive a sus hijos.

   Volviendo a mi historia, os comentaba que hoy estoy enfadado, y lo digo con esta propiedad. En una escala de color que ha ido evolucionando desde el rojo fuego del shock inicial hasta el magenta edulcorado pasadas unas horas.

   Todo comenzaba esta mañana cuando abría, como es mi costumbre, los diarios digitales del país y me sorprendía al descubrir el despido de Xabier Fortes, periodista y conductor del formidable magazín "La Noche en 24 horas". Uno de esos debates en que, todavía hoy, el espectador puede disfrutar sin temor a la aparición de la nausea.

   Un programa ágil e imparcial que, dejando a un lado galardones, fue trazado con acierto y sin temor a la censura por Vicente Vallés. Xabier fue un orgulloso continuista, manteniendo vivo un formato que merecía estar en parrilla y en prime time.

   El disgusto por la salida de Xabier no ha sido sino el preámbulo al que estaba por venir.

   Hacia el mediodía he conocido el despido de Ana Pastor. Un despido que ha sido vendido burdamente por una, tan nueva como irreconocible, RTVE que declaraba el rechazo de la periodista al cambio de programa y de horario. Después de seis años de dedicación en la pública, hoy Ana ha debido sentir vergüenza de la que ha sido su casa (un fallo dejar fuera de la teoría del dolor a la vergüenza).

   Me atrevo a decir sin ambages que Ana Pastor es una de las mejores y más críticas periodistas de nuestro país. No conociendo de partidos, ejerció su profesión del modo más cercano al espectador y libre de ataduras éticas o estéticas fue abanderada de la libertad de expresión.

   Libertad de expresión que hoy se pone en jaque en un país que anda sin rumbo y atontado por la economía se permite despedir por la puerta de atrás a Xabi y a Ana.

   Ambos mantuvieron su integridad a salvaguarda en todo momento, y no me cabe duda que los dos, Profesionales, no encontrarán obstáculo alguno en el hallazgo de ofertas de empleo. Pero nunca será lo mismo porque reunidos en el medio público nos hacían cómplices de una información elaborada y conocida por y para todos.


... y ese es el motivo por el que paso del enfado a la tristeza y de ésta a la melancolía.
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lunes, 16 de julio de 2012

La edad de Oro del Pop español

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   Cuentan quienes saben de la música, que el género más comercial y difundido en la cultura contemporánea es el Pop, su origen etimológico no es otro que "popular" luego es aquél nacido por y para el pueblo. Esta corriente persigue la emoción artística que respira la sociedad y de la que se nutren los compositores.

   Debo reconocer, pues es de justicia para el lector, que amo el Pop, el buen Pop, sobre todo en dos subtendencias no muy extendidas: el Indiepop y el Synthpop. El primero con los ritmos y colores más retros, propios de la década de los sesenta, y el segundo, un sonido más plástico y técnico, del que creo se vive ahora su época de máxima expansión, y cuyo origen se remonta a los ochenta. Algunas de mis bandas favoritas como La Casa Azul, fun., Young Liars, Röyksopp o Foster the People, juegan con mayor o menor frecuencia en este terreno. Son quizás, así quiero creerlo, las canciones que pueden marcar el tiempo en que nos desenvolvemos (la nueva década de los '10s).

   En nuestro país el Pop vive una trayectoria tardía e inconstante, lo que es acorde con la historia reciente de España. Hasta bien entrada la década de los sesenta no puede hablarse de una implantación, que no fuera importada, del género. En los cuarenta y cincuenta las canciones que llenaban las verbenas y tertulias eran, con suerte, pasodobles, boleros y miscelánea flamenca. El estado vive una dura posguerra que se traslada a las composiciones musicales, con la sombría y un anhelo de esperanza que, quizás también, lo sea de los ritmos alegres que se dejaban oír en los cafés de Londres o Nueva York.

   Con el reblandecimiento del régimen y la cultura del guateque, se abre una pequeña puerta a un grupo de neorevolucionarios, modernos en un país antiguo, que encabezados por el "Black is Black" de Los Bravos encuentran la masiva aceptación del pueblo. Son POPulares. Después, o puede que al mismo tiempo, se gesta el movimiento Ye-yé (en esencia franco-hispano) que dio un giro social y cultural en la época fortaleciendo, desde la dulzura de sus letras, el rol de la mujer independiente, trabajadora y moderna.




   Así pues, los últimos años de la dictadura se vivieron, con mejor o peor fortuna, cantando y bailando los temas de Marisol, Los Brincos, Helena Bianco y los Mismos o Karina. El Pop había tocado a la puerta, pero aún estaba lo mejor por llegar (¿también lo peor?).

   Con la muerte del Caudillo y el ansia democrática, renace un espíritu musical totalmente distinto a los ritmos anteriores (algo manidos y recatados) que evoluciona galopante hasta alcanzar el auge en un Madrid enfervorecido por la Movida que envuelve las calles que rodean a la Gran Vía, sorprendiendo a la noche y rompiendo, de un modo radical, toda atadura ética y estética relacionada con el régimen.

   En este punto hablar de la calidad musical del Pop de los ochenta desataría un debate infructífero, no hay nada más subjetivo que el gusto cultural, pero sí que creo que existe un alto grado de consenso en considerar a esta década (1978 a 1990) la más libre, juvenil y divertida de cuantas hemos conocido. Es por ello bautizada como la "Edad de Oro del Pop español" (La Edad de Oro es el nombre de un programa de Paloma Chamorro para Televisión Española que dio a conocer los nuevos grupos del movimiento y también es título de un álbum recopilatorio publicado en 2001 con más de cien temas y muchas horas de música sólo aptas para los más fanáticos de la Movida, edición que debió gozar del apoyo popular pues se han editado hasta doce volúmenes).

Fotograma de "Pepi, Luci, Boom y (...)" de Pedro Almodóvar.
   Así, la libertad de expresión viene a romper barreras en el panorama musical. Se desentierra incluso la exiliada canción protesta que algún día abanderó el magistral Paco Ibáñez llenando el Olympia de París. Pero a diferencia de los neorevolucionarios y ye-yés de los sesenta y primeros setenta, los de la Edad de Oro lo tendrán (con la libertad adquirida) mucho más fácil, destapando tabúes hasta la fecha inconcebibles y/o inconfesables. Para ilustrarlo quiero recordar Pepi, Luci, Boom y otras chicas del montón (1980) de un Almodóvar en estado puro, un filme con ingredientes sadomasoquistas, lésbicos, drogados y grupis, que habría hecho las delicias de cualquier censor (lluvia dorada incluida).

   Bromas aparte, parece claro que España necesitaba de una Movida que barriera el polvo de la opresión.

   Probablemente los mayores exponentes de la música reciente gestada en aquella década son Joaquín Sabina y Luz Casal, quienes con sus voces rasgadas consiguen abrirse paso cultivando un estilo mucho más cuidado que la tónica imperante, con unas letras que a menudo rayan lo excelso. En estos años ambos nos regalaron grandes temas (Te dejé marchar, Loca o No me importa nada de Luz, Princesa, Que se llama soledad o ¿Quién me ha robado el mes de abril? del maestro Sabina) bañados de penumbra y de Rock. He debido citarlos en la entrada, pues aún sin ser un gran referente Pop, se definen, desde luego, como un hito musical perdido en nuestro tiempo.

   La Movida no tiene un corazón homogéneo, ni se esperaba que lo tuviera, rascando un poco apreciamos una amalgama de voces, estilos, letras y artistas muy diferentes, en general modernos, transversales y atrevidos de su tiempo. Si hay un patrón común es que eran una panda de soñadores... y puede que consiguieran que la gente soñara con ellos. Para la ocasión he seleccionado Ocho de mis temas preferidos, en que busco encontrar ese espíritu pop y esta década de los Ochenta.

1. Cosas de la Edad de Modestia Aparte.


    
2. Mil calles llevan hacia tí de La Guardia.


3. Marta tiene un marcapasos de Hombres G.


4. Ni tú ni nadie de Alaska y Dinarama.


5. Lucha de gigantes de Nacha Pop.


6. Sildavia de La Unión.


7. La casa de la bomba de Brighton 64.


8. La estatua del jardín botánico de Radio Futura.



   Mejor o peor, esta es mi selección, no puedo dejar de invitaros a formar la vuestra con los ritmos y las letras que dejó la Movida. He debido dejar muchos nombres de protagonistas como Duncan Dhu, Cómplices, Los Secretos, Tino Casal o Seguridad Social, que al igual que mis electos luchan por la supervivencia contra el tiempo.

   Todo es pasajero, y así ocurrió que los ochenta dieron paso a los noventa, las luces de la ciudad se fueron apagando o fueron remplazadas por otras que dejaban otro color y un ambiente enrarecido por la novedad del fin de siglo. Así también la música volvió a cambiar, el Pop se consolidó en la dulzura de Ella Baila Sola y La Oreja de Van Gogh, y quizás hacia un degenerado género fusión con estilos recogidos del flamenco, del que muchos artistas dieron cuenta en lo venidero.

   Esperando al futuro me quedo, al menos hoy, abrigado a la nostalgia, escuchando las canciones de otro tiempo, las que revolucionaron el país y dieron vida a la Edad de Oro del Pop español.

(...)

   ¡Y no! No me he olvidado. No me olvido de Ana, José y Nacho, que hicieron historia en nuestra música y cuya historia excede a la Movida. No me olvido ni nos olvidamos, porque no queremos ni es posible, de la banda que más discos españoles ha vendido. No me olvido de Hoy no me puedo levantar, Perdido en mi habitación, Barco a Venus, Aire, Me cuesta tanto olvidarte, Hijo de la luna o Mujer contra Mujer. 

No me olvido de Mecano.
  
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jueves, 28 de junio de 2012

50

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   ¿Volvemos a empezar?

(...)

   Cuando el diecisiete de octubre de un, cada día más lejano, 2010, comencé a escribir el blog no sabía que podía esperarme. Pronto comprendería que no sería yo sino el tiempo el encargado de dar perfil a su joven corazón con relatos variopintos: interesantes y absurdos, emocionales o subversivos. Por mi parte, entonces y ahora, he buscado aportar ese toque de originalidad y punto crítico que hace especial cualquier obra de autor. Subrayo que aparecen las entradas, pues en la mayoría de los casos las ideas y la actualidad han ido marcando el tempo a seguir, agitando mi mente inquieta e hilvanando las historias y las hebras de este Diente de León.

   Lo que hoy os traigo es diferente a todo lo anterior. Esta entrada es punto de inflexión en el camino. Metafóricamente es a una casa su vestíbulo, hall o, mejor aún, su distribuidor, del que se desprenden muchas puertas que nos trasladan a distintos espacios y momentos (siempre de la mano el espacio y el tiempo). Una reflexión sobre lo vivido y lo esperado, lo desconocido.

   Pero no es punto de partida, ése sólo son mis Pájaros en la cabeza.

     ¡¡Bienvenidos a la entrada Número Cincuenta!!


Flashback de las dieciséis primeras entradas


   Como os digo el diecisiete de octubre fue un día extraño, extraño y bonito. Comportándome como un auténtico autómata bauticé este proyecto, que ha resultado tan importante para mí, como Diente de León... Creo que entonces no lo comprendía y, aunque el paso del tiempo y la vida Desde Saturno han ido despejando dudas, queda aún mucho por imaginar, leer, escribir y conocer, y espero sea emocionante. Más allá de las quimeras, puedo dejar caer que la esencia del blog y su nombre eran entonces un misterio, y hoy (aunque parcialmente desvelado) siguen siéndolo.
 
   Mi decisión era y es, focalizar temas de muy diferente interés y sentido en un único espacio, así han ido proliferando entradas de contenido cultural, político y personal de modo indistinto, aunque al ser trazadas todas ellas en mi mente y con mis manos se ven dotadas de un patrón común (ideológico y de estilo) con las que, aun sin quererlo, me desnudo ante el lector.

   Me gusta pensar que Diente de León es un punto de encuentro y evasión.

   La puerta a este portal se ha abierto unas siete mil veces, fundamentalmente a gentes de España, México, Sudamérica (Colombia, Argentina, Chile, Venezuela, Perú...) Estados Unidos y otros países de habla no hispana como Alemania o Rusia. Todas las visitas son bienvenidas, más aun si acompaña comentario, pues demuestra que el contenido despierta algún interés... pero la estadística no deja de ser un número, y no ha condicionado ni condiciona en absoluto mis palabras.

   El futuro siempre es un misterio. He ido dejando promesas por cumplir, así la cadena de entradas sobre Lo que la tele nos dejó..., alguna sobre la Edad de Oro del pop español y varios ases que guardo bajo la manga. Volverán, de forma intermitente, las entradas dobles y puede, quién lo sabe, que se avecine un cuarto cambio de look (de esos que tanto me divierten)...

17 a 32


   La economía, esto no es nuevo, encuentra hoy un hueco en todas las tertulias, debates y telediarios que se mueven en el país. La materia me apasiona y desborda... pero también me satura, y esa atracción magnética que ha producido la crisis económica en la sociedad, a la que encuentro cada día más confusa y exhausta, me obliga a dejar apartado, al menos por el momento, la reflexión sobre un futuro económico y financiero que se dibuja difuso. Apuesto, una vez más, que nos dirigimos Hacia la verde inmensidad. Dejemos que hable el tiempo.

   La política, nacional e internacional, han sido un pilar fundamental para el blog. El inmenso descontento que impera en nuestro país hacia los tres poderes que dan vida al Estado de Derecho, ponen en jaque a la España constitucional trazada en el '78. Confrontación social que se acentúa respecto de la clase política, la encargada de hacer posible el ideal democrático, con movimientos tan célebres como el del quince de marzo "15M" en Sol.

   Siempre digo que nada es bueno por el hecho de ser costumbre (¿qué hay sobre la tauromaquia?), es posible que una revolución "sin retorno" en distintos campos de la vida pública depure los fallos sistémicos actuales, devolviendo la voz "dormida" al pueblo y enriqueciendo, en definitiva, la democracia. Supongo que las alternativas realistas siempre son de recibo, al menos para los más tolerantes y, claro está, los que no ven peligrar su sueldo.

Carteleras trigésimo tercera a cuadragésimo nona (salvo No llores por mí)


   En otro orden, el Diente de León siempre ha gustado verse vestido de muchos colores, de esos que sólo es capaz de ofrecer la cultura. La música, la literatura, el arte y el cine le son intrínsecos.

   Entradas como Tim BurtonPlaneta Ghibli o Follow the city lights brotan del dinamismo y la ilusión.

   Me encanta verme tan pragmático como el Diente de León, conocer y soñar; supongo que a veces me excedo relatando mis estupideces (como en Palomitas de Maíz). También me gusta rodearme de personas de las que aprender y con las que crecer. Frente a ambas afirmaciones, apertura cultural y social, reconozco mi reserva y mi evasión... en un mundo que, a menudo, se muestra complejo a mis ojos. Cruentamente humano.

   En esta entrada descontextualizada, regalo a la lealtad del lector silencioso, sólo deseo rescatar unas líneas de "Dos Mujeres en Praga" de Juan José Millás, en una escena formidable en que Álvaro Abril dialoga con una prostituta:

-Soy escritor- dijo Álvaro, e inexplicablemente se le saltaron las lágrimas como a Luz Acaso cuando le había dicho que era viuda.
-Conozco a otro escritor que se echa a llorar por nada también. Sois unos flojos.
-No es que seamos flojos- respondió él reprimiendo el llanto-, es que la vida nos debe algo que no nos da.

(...)

¿Volvemos a volar?





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miércoles, 13 de junio de 2012

Tonta canción de Eurovisión

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   Como cada mes de mayo, Europa volvió a congregarse a la caída de una tarde de sábado celebrando el festival musical más célebre de su historia. Probablemente una de las mejores representaciones de la unión cultural que se vive en el continente.

   La trayectoria del festival, que cuenta ya más de cincuenta años, es de hecho el reflejo de la realidad que ha ido transformando a Europa hacía una mayor integración y apertura en las fronteras. Así mientras en los primeros años de vida de Eurovisión, la participación era casi exclusiva de los más occidentales, la caída del muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética y de Yugoslavia, se resuelven en una pluralidad de participantes, lo que ha obligado incluso a deslindar la final de varias semifinales previas en que se criban los países que presentan mejores propuestas de cara a la edición de ese año.

  Puede que fuera con las semifinales, o incluso mucho antes con la aparición del televoto, cuando los pueblos de toda Europa fueron espectadores de una evolución del certamen, que para muchos supone la degeneración de su esencia. Se habla de la politización del voto, aunque la realidad hoy en día no es sino su reparto por criterios esencialmente migratorios y, desde luego, geográficos.

  La implantación del Big-Four en 2000, cuatro países que por contribución a la UER permanecerían ajenos a las semifinales, salvo en el ejercicio del voto (yendo directamente a la final con el anfitrión) debió disgustar a la inmensa mayoría de países (más de cuarenta) que habrían de pelear su plaza en la final mientras Alemania, España, Francia y Reino Unido (hoy también Italia) la tenían garantizada. La reacción generalizada fue precisamente un rechazo masivo a estos países, que lo tenían y tienen más fácil, y un colegueo de votos sobre todo en el este europeo. Así en el año 2006 las cuatro últimas posiciones las ocupaban, cosas del azar y los gustos musicales, estos países.

  Avanza el formato y en el año 2008, Reino Unido disconforme con su plaza (la última de ese año) exige a la UER una devolución del voto a los jurados profesionales. Hecho que con más o menos acierto ha conseguido devolver esporádicamente el éxito a los estados finalistas perdedores. Alemania ganó en 2010.

   Hasta aquí no hay ninguna duda, y parece que la única solución que palia el conflicto es presentar un gran tema, como ha hecho este año Suecia (ganadora de 2012) para romper definitivamente la barrera territorial, política o sistémica que presenta el festival, seguramente no sólo con la votación popular sino muy probablemente con la valoración profesional.

  El problema, y lo que me empuja a escribir una entrada sobre Eurovisión, que por lo demás puede resultar bastante aburrido... no es sino lo acaecido este año en Bakú, la capital de Azerbaiyán, ganadora en 2011.

  Y es que saltó a todos los diarios la noticia de un fallido ataque terrorista en la sede del festival durante la celebración del mismo. Este hecho aparentemente aislado, viene a jugar con una serie de acontecimientos y declaraciones posteriores que nos obligan a abrir los ojos sobre quién y cómo se juega en un programa en que se estudia la mejor canción y que esconde el acercamiento de las gentes de Europa.

  Azerbaiyán aparece como un país autoritario, de escasas posibilidades democráticas y generalizada corrupción, así lo califica la británica The Economist. País mayoritariamente musulmán y muy distante en espacio y cultura del continente, mantiene vivos los lazos que lo ataban a la antigua Unión Soviética, alineado a Rusia en la Comunidad de Estados Independientes. Hasta no hace mucho era considerado un país asiático o euroasiático, pero parece que las Comunidades Europeas tratan de acercar fronteras a países como éste, así también Armenia, Georgia y Kazjistán.

  Con este cartel, y teniendo en cuenta el criterio que utilizan los miembros para votarse entre sí en Eurovisión, resulta cuanto menos sorprendente que no haya bajado de los cinco primeros puestos desde 2009, comenzando su andadura un año antes.

   El olor a pólvora que debió dejar el frustrado intento del ataque terrorista no era la única preocupación de su gobierno esa noche. Salta a la luz una posible táctica que explicaría el éxito de Bakú, consistente en la contrata de empresas que se movilizan hacia países pequeños, donde es más fácil mediatizar el sentido del voto (así en Malta o en Chipre) repitiendo excelentes resultados, aun sin mediar el apoyo de ese jurado profesional.

  Lo que aparecía como un rumor va tomando forma, y estos pequeños países ya se han pronunciado, en informes que dejan caer el "fraude" en el torneo. La respuesta (por otra parte, de los perdedores como Francia) no se ha hecho esperar y se reclama un mínimo democrático para entrar a participar en el festival. Esto es lo que venimos llamando mezclar churras con merinas. Quiero recordar al lector que, si bien es muy probable que Azerbaiyán presente la estructura de un país dictatorial, no es menos cierto que España alcanza sus éxitos en los sesenta en que gobernaba el general Franco. Ello no debía impedir a nuestro país o al suyo participar en un concurso en que se premia el mejor tema, en términos netamente artísticos. Mezclar este problema con el de televoto es muy serio, porque uno afecta a las bases del concurso y el democrático a su legitimidad como gobierno. Es evidente que el segundo excede al festival. La reivindicación democrática, desde luego loable en cualquier foro, debería inscribirse en relación a la implantación de suficientes medidas de seguridad a quienes acuden a la sede a disfrutar de las músicas europeas.

  Mientras tanto en España (ajena a la polémica) se sigue celebrando una décima posición de Pastora Soler que brilló en el escenario de Bakú y, no exenta de críticas, recibió un gran dato (97 puntos). Aunque desde luego muy distante de los primeros puestos (los 372 de la ganadora Loreen).

  También aquí la nitidez de los resultados nos devuelve a la realidad en que se mueve el concurso, la mayoría de los países que reciben mejores puntuaciones (salvo la ganadora) se encontraban en la mitad oriental antes de la caída del muro de Berlín.



(...)

   Para acabar, he aquí una de mis teorías absurdas: este certamen, así como otras muchas competiciones sobre todo en lo deportivo (valga de ejemplo la Eurocopa, que se juega estos días) están sirviendo para dar a conocer a los europeos quienes son sus vecinos o cuán extenso es el continente, lo que no siempre está claro. Desde luego dicho acercamiento trasciende de lo social/cultural a lo político con el avance de una Unión Europea con vocación imperialista o de macro-potencia (en julio de 2013 acogerá a Croacia, y algunos apostamos que quizás también a Islandia). Pero es importante que ralentice sus pasos mientras existan estados que no se vean capacitados para hacer frente al sueño europeo.

   Podemos competir por la mejor canción pero no hay debate en la protección de los derechos fundamentales y la garantía del Estado de Derecho. Esto es una línea roja.

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